Colectivos llenos. Largas filas en las paradas. Esperas cada vez más largas. Pasajeros molestos y una ecuación que parece no cerrar: los boletos aumentan, pero cada vez se viaja peor. Son postales de un deterioro silencioso en el sistema de transporte de colectivos en el AMBA, que lleva años y volvió a sentirse en las últimas semanas por la suba en el precio en los combustibles.
Hay números que ilustran el declive del servicio y explican la experiencia cotidiana de los miles de pasajeros que se mueven en Buenos Aires y el Conurbano. Solo en los últimos seis meses, cayó en un 8,9% el número de colectivos operativos. Son 1650 unidades que dejaron de moverse, entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, según datos de la Secretaría de Transporte de la Nación, compilados en un informe del IIEP.
Y estas cifras, las más recientes oficiales, no contemplan la caída mayor en la circulación que se produjo en las últimas semanas, con el conflicto entre las empresas de colectivos y el Gobierno por el costo del gasoil, el precio del boleto y los subsidios, que implicó jornadas con una caída de hasta el 20% en el movimiento de coches.
El proceso se extiende hacia atrás en el tiempo y se profundizó con la pandemia de Covid, que modificó hábitos de transporte, circulación y trabajo. La flota operativa de colectivos en AMBA contempla líneas bajo jurisdicción porteña (solo circulan en la Ciudad), provincial (únicamente en el AMBA, con numeración mayor al 200) y nacional (líneas que cruzan entre distritos). De acuerdo con datos oficiales, entre noviembre de 2019 y marzo de 2026, ese parque se achicó un 12,2% y hay 2359 colectivos menos circulando (se pasó de 19348 a 16989 unidades).
Y sobre ese combo impactó recientemente la suba en el precio de los combustibles, que se puso de manifiesto en las últimas semanas con aun menos colectivos, reclamos empresarios al Gobierno y creciente malestar entre los pasajeros por un servicio que se volvió peor.
Según datos de AAETA (Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor), una de las cámaras del sector, en lo que va de abril la caída de pasajeros diaria en promedio cayó un 21% en comparación con igual mes del año pasado, mientras que la cantidad de kilómetros recorridos se redujo un 18%.
Detrás de ese proceso, agudizado en la reciente coyuntura, se combinan las políticas de gestión del sistema de transporte, descoordinadas entre diferentes niveles gubernamentales, con la ecuación de costos e ingresos que enfrentan las empresas, el cambio en las rutinas de los argentinos por efecto del home-office y la migración de oficinas y otros espacios de trabajo y las consecuencias del retroceso de sectores demandantes de mano de obra, como la construcción, el comercio o la industria.
“Los números oficiales muestran una reducción de la flota operativa y eso es esencialmente por dos razones: hay un efecto post pandemia de cambio de hábitos y está relacionado con la pérdida de rentabilidad del sector”, explicó Rafael Skiadaressis, economista del IIEP (UBA-Conicet) y especialista en temas de transporte. “En el sistema, lo que no se cubre con boleto o con subsidios, termina ajustando por servicio”, sintetizó el analista, al describir los problemas que golpean al sector.
El factor económico combina el precio del boleto, los subsidios y los costos de las empresas, en una ecuación que puede resultar paradójica para los pasajeros: mientras el pasaje aumentó más del 1200% desde diciembre de 2023 (partiendo de un significativo atraso), el servicio empeora.
Según estimaciones del IIEP, el costo técnico de un boleto de colectivo (teniendo en cuenta combustibles, salarios, mantenimiento y otros factores) es de $1927, con una brecha del 170% frente al valor del pasaje mínimo en CABA ($715 en el último mes). En esa ecuación, incluso con aumentos del boleto, ingresan los subsidios, una de las partidas más afectadas por el ajuste implementado por el Gobierno. De acuerdo con el IIEP, desde 2023 se implementó un recorte promedio del 34% en términos reales en las partidas destinadas a subsidios al transporte al AMBA.
Esa dinámica se profundizó en lo que va de 2026. En el acumulado a abril, los devengamientos en subsidios al transporte automotor por parte de Nación acumulan, según el relevamiento del IIEP, una caída real interanual del 57%, mayor a la registrada en los subsidios a los trenes (40% en términos reales).
“Mientras el Estado decide cuándo aumenta las tarifas, al mismo tiempo recortan los subsidios. Y cuando uno mira el dinero que reciben las empresas, se perdieron 20 puntos frente a la inflación. Lo que se quitó de subsidios fue superior a lo que se mejoró por tarifa”, dijo a LA NACION Luciano Fusaro, titular de AAETA.
Y en ese balance radica gran parte de la disputa entre las empresas y los gobiernos (nacional, provincial y porteño), con consecuencias que se plasman en el deterioro del servicio que reciben los usuarios. Al ser un sector regulado, el Estado establece las condiciones de tarifas, costos y circulación al que están obligadas las compañías. Pero según advierten entre las empresas, el cálculo técnico contempla un gasoil a $1740 por litro, mientras que, tras el conflicto en Medio Oriente, su valor supera los $2100.
“Es el 20% del costo de la operación, y cuando ese costo se dispara, no tenés recursos para poner todo el servicio en la calle”, explicó Fusaro, y dijo que Nación mantiene con las empresas una deuda de $50.000 millones en subsidios que no se pagaron. “Entre todas las jurisdicciones, la que peor está es Nación, que está condicionada por el contexto macro. Les paga mal a los proveedores o a los jubilados, cómo no les va a pagar mal a los colectiveros”, criticó.
En ese contexto, las líneas más afectadas –y eso se vio en las últimas semanas- son las que cruzan jurisdicciones (son 130) y representan alrededor del 40% del total de pasajeros del AMBA.
Al mismo tiempo, en el sistema reconocen una caída en el número de pasajeros, que también se verifica en otros medios como el subte. Es un movimiento que tuvo su piso en la pandemia y nunca se revirtió. Allí influyen el auge del trabajo remoto, el cambio de ubicación de oficinas y la caída de la industria, la construcción y el comercio. Además, el mismo deterioro del servicio prestado alimenta esa caída de pasajeros, entre la competencia por las apps de movilidad (Uber, Didi, Cabify), abaratadas por la creciente oferta de conductores, o la moto (hubo récord histórico de patentamientos en marzo).


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