La actividad económica arrancó el año en serrucho y abril vuelve a dar señales de debilidad
La economía argentina comenzó 2026 con un comportamiento errático: sube un mes, baja al siguiente, sin lograr consolidar una tendencia de recuperación. Esta tarde, el Indec publicará datos de industria y construcción de marzo, y los analistas esperan un rebote tras el retroceso de febrero. Pero los primeros datos de abril que se conocieron no son buenos.
En febrero, la industria cayó 4% mensual y 8,7% interanual, y se ubica hoy un 6,7% por debajo del nivel de noviembre de 2023. La construcción también retrocedió: 1,3% mensual y 0,7% interanual, y acumula una caída del 22% frente a ese mismo punto de referencia. Marzo, según las expectativas del mercado, habría revertido parte de esa caída.
Pero la mejora, si se confirma, sería efímera. “Los datos de actividad que van saliendo de abril vienen más flojos que los esperados, con caídas en recaudación, producción de autos, cemento y confianza del consumidor. La economía viene siendo un serrucho en los primeros cuatro meses de 2026”, resumió el economista Fernando Marull.
Los números respaldan el diagnóstico. La recaudación del fisco acumula nueve meses consecutivos en caída y solo en el primer cuatrimestre acumula una baja del 6,7% comparado con el mismo período de 2025, lo que obliga al equipo económico a ser más cuidadosos con los gastos para mantener el superávit fiscal.
El despacho nacional de cemento al mercado interno, en tanto, cayó 13,2% interanual en abril y 11,7% mensual con ajuste estacional, y revirtió toda la mejora de marzo. En el primer cuatrimestre, el promedio interanual arroja una baja de 3,3%. Parte del deterioro puede atribuirse a las lluvias por encima de lo habitual durante el mes —que habrían frenado la obra—, pero desde la consultora Outlier advierten que ese factor “no parece explicar la totalidad del mal desempeño”.
La producción automotriz, por su parte, también retrocedió: cayó 17,5% interanual en abril y acumula una baja promedio de 18,6% en el primer cuatrimestre. “Una de las razones puede atribuirse a la mayor oferta y ventas de autos importados, pero no hay que desconocer que los patentamientos de autos también cayeron en forma significativa durante el mes de abril y también redondean un mal arranque en este 2026″, analiza Outlier.
Detrás del mal momento de la industria conviven dos presiones estructurales: la caída de la demanda interna y la mayor competencia importada en un contexto de tipo de cambio real bajo. Las empresas locales enfrentan una ecuación difícil: costos en pesos que no bajan al ritmo de la inflación y precios de productos importados que, en dólares, resultan cada vez más competitivos. “Sin una demanda que traccione y con mayor presión de la apertura y el atraso cambiario, es muy difícil que ambos sectores despeguen”, señaló la consultora LCG.
La pregunta que se hacen los analistas es si el rebote de marzo marca el piso de la caída o si se trata apenas de un movimiento de péndulo dentro de una dinámica que sigue siendo negativa. La cosecha récord en volumen que se espera del agro podría ser un factor de tracción para los meses que vienen, aunque su impacto en la actividad industrial y la construcción es indirecto y tardío: primero llegan los dólares, después —eventualmente— el consumo.
Hay un mercado que escapa a la tendencia general: el de las motocicletas. Entre enero y abril se patentaron 315.744 unidades, un salto de 21,3% frente a las 260.298 del mismo período del año anterior, según la Cámara de Fabricantes de Motovehículos (Cafam). El segmento que más crece es el de baja y media-baja cilindrada, entre 101 y 250 cc. “La moto se ha convertido en la principal puerta de acceso al trabajo para millones de argentinos”, dijo Cafam, mencionando a repartidores, mensajeros y conductores de aplicaciones como los principales compradores.
Un dato que matiza el panorama general: el Indec informó ayer que la producción industrial minera y petrolera creció 10% interanual en marzo, impulsada por el avance de Vaca Muerta. Es una señal positiva para las exportaciones, aunque circunscrita a un sector que opera con su propia lógica de precios internacionales y no arrastra necesariamente al resto de la cadena industrial.
El contexto internacional también pesó sobre las perspectivas. El mes pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó su previsión de crecimiento para la Argentina: el país pasaría de crecer 4% a 3,5% del PBI en 2026, una corrección de medio punto porcentual atribuida al impacto de la guerra en Medio Oriente sobre la economía global. El ajuste del organismo refleja que el flojo arranque del año no es solo un fenómeno local: la incertidumbre internacional recorta el margen de maniobra justo cuando la economía argentina más necesita viento a favor.


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