WASHINGTON.— Desde el momento en que el presidente Donald Trump aterrizó en Pekín este miércoles, todas las miradas están puestas en el nivel de espectacularidad que despliega el gobierno chino: quiénes están alineados para recibirlo, qué música suena y si niños chinos y estadounidenses agitan flores y banderas.
Trump llegó a Pekín para su esperada cumbre con el líder chino Xi Jinping en un momento inquietante para un mundo preocupado por la guerra, el comercio y la inteligencia artificial.
En el rígido universo jerárquico de la diplomacia china, el protocolo y la ceremonia tienen un peso enorme. La recepción de Trump fue cálida y diseñada para halagarlo, una muestra del enfoque táctico de Pekín hacia un líder estadounidense conocido por su gusto por la pompa. Sin embargo, difícilmente supere la extravagante “visita de Estado plus” que Xi ofreció a Trump en 2017.
“Eso refleja una mayor confianza china en su posición, un mayor escepticismo hacia Trump y la incomodidad de la relación actual”, afirmó Rush Doshi, investigador senior de estudios asiáticos del Council on Foreign Relations y profesor adjunto de estudios de seguridad en la Universidad de Georgetown.
En los últimos nueve años, la relación entre China y Estados Unidos pasó del acercamiento a la competencia y tocó fondo durante la pandemia de Covid-19 y las guerras comerciales.
Los expertos sostienen que el peso económico de China y su capacidad para aprovechar su dominio sobre la cadena de suministro global le permitieron negociar desde una posición de fuerza y empujaron al gobierno de Trump hacia una política más pragmática hacia Pekín. Y ahora, la guerra con Irán —que dejó bloqueado el estrecho de Ormuz y sacudió la economía global— le dio a Xi una ventaja adicional antes de la cumbre.
La guerra, iniciada con ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, obligó a retrasar la visita de Trump, originalmente prevista para fines de marzo. Ahora, el mandatario viajó a Pekín para una estadía más breve que la de 2017 y sin la primera dama, Melania Trump.
“El contexto de esta visita es completamente distinto”, señaló Danny Russel, exalto diplomático estadounidense, quien no espera que Pekín haga esta vez un despliegue extraordinario para recibir a Trump. “La agenda se redujo básicamente a un día y fue despojada de todo lo superfluo”.
Pero Estados Unidos ocupa un lugar especial en la política exterior china y Pekín colmará a Trump de pompa ceremonial porque considera que es una herramienta diplomática, explicó Russel.
Si el viaje de 2017 sirve de referencia, Trump puede esperar descender del Air Force One por una escalera alfombrada de rojo con bordes dorados y ser recibido por una multitud entusiasta.
En la ceremonia formal de bienvenida de mañana será recibido por Xi y otros funcionarios chinos, cuyo rango podría ser revelador. Luego, Trump inspeccionará una guardia de honor militar alineada con precisión milimétrica por altura, cuyos integrantes seguirán con la mirada a ambos líderes mientras avanzan por la alfombra roja. También es probable que reciba una salva de 21 cañonazos.
“No es ningún secreto para ningún gobierno que el presidente Trump responde positivamente a la adulación y al espectáculo”, dijo Russel. “La pompa y la ceremonia están diseñadas tanto para halagarlo como para tranquilizarlo, hacerlo más receptivo a los pedidos chinos y reducir el riesgo de una confrontación pública incómoda”.
Xi también ofrecerá algún gesto especial, como hizo con anteriores presidentes estadounidenses. En 2014, compartió un paseo nocturno con el expresidente Barack Obama en el complejo de liderazgo de Zhongnanhai. En 2017 organizó una cena privada para Trump en el Museo del Palacio, dentro de la antigua ciudad imperial.
Esta vez, la relación especial entre los líderes chino y estadounidense se escenificará en el Templo del Cielo, un antiguo sitio imperial, frente al Salón de Oración por las Buenas Cosechas, un emblemático edificio de azulejos azules conocido por su diseño circular y su techo triple.
La Casa Blanca informó que Xi acompañará a Trump en un recorrido por el sitio declarado Patrimonio de la Humanidad, donde los emperadores chinos rezaban antiguamente por cosechas abundantes.
Todo el parque permanecerá cerrado miércoles y jueves, mientras que sus principales atracciones, incluido el salón y el famoso Muro del Eco, fueron cerrados el martes por “mantenimiento de arquitectura antigua”, según informó la administración del parque.
Esto resulta inusual. El parque no fue cerrado para los primeros ministros de Gran Bretaña o España cuando visitaron este año el Museo del Palacio y el Palacio de Verano de Pekín, respectivamente. Y Xi tampoco los acompañó personalmente.
Pekín definió el primer viaje presidencial de Trump a China como una “visita de Estado plus”, la única de ese tipo organizada por China para un líder extranjero. El viaje estuvo repleto de arreglos sin precedentes.
Xi y su esposa, Peng Liyuan, ofrecieron a Trump y a la primera dama un recorrido por el Museo del Palacio, donde conversaron durante una ceremonia de té y asistieron a una función de ópera tradicional en un teatro imperial que no veía una representación desde hacía un siglo. También cenaron allí, algo inédito para un líder extranjero.
Durante la ceremonia formal de bienvenida del día siguiente sonó “The Stars and Stripes Forever” mientras los presidentes inspeccionaban la guardia militar china, una elección poco habitual destinada a impresionar a Trump.
Trump, que suele jactarse de su buena relación con Xi, todavía recuerda aquella visita de hace casi nueve años.
“La última vez que fui a China, el presidente Xi me trató tan bien, me dio un espectáculo”, dijo Trump en febrero. “Nunca había visto tantos soldados de exactamente la misma altura, idénticos hasta una fracción de pulgada”.
La forma en que China reciba esta vez a Trump ofrecerá pistas sobre la dinámica actual de la relación bilateral, explicó Doshi, quien trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional del expresidente Joe Biden y ayudó a organizar sus cumbres con Xi en 2022 y 2023.
“China utiliza el protocolo diplomático como una forma de señalar aprobación o desagrado. Por eso deberíamos prestar mucha atención a cómo es recibido el presidente Trump”, concluyó Doshi.


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