Acuerdos comerciales y una advertencia sobre Taiwán: las conclusiones de la cumbre en Pekín entre Trump y Xi Jinping
PEKÍN.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó China el viernes sin avances significativos en materia comercial ni ayuda concreta de Pekín para poner fin a la guerra con Irán, a pesar de haber pasado dos días colmando de elogios a su anfitrión, el presidente chino, Xi Jinping.
La visita de Trump al principal rival estratégico y económico de Estados Unidos –la primera de un presidente estadounidense desde el último viaje del magnate en 2017– buscaba resultados tangibles que ayudaran a mejorar sus alicaídos niveles de aprobación antes de las elecciones de medio término en noviembre.
Sin embargo, aunque Trump y sus asesores dijeron que China había acordado comprar 200 aviones Boeing –con la posibilidad de vender más– y más de 10.000 millones de dólares en productos agrícolas –además de energía y dispositivos médicos– se dieron a conocer escasos detalles concretos que ayuden al republicano en las encuestas y los funcionarios chinos dijeron muy poco públicamente sobre los compromisos entre las potencias.
Hablando con periodistas a bordo del Air Force One de regreso a Washington, Trump afirmó que ambas partes no discutieron los aranceles estadounidenses sobre las importaciones provenientes de China. Sí señaló que habían conversado sobre la venta de chips avanzados fabricados por empresas como Nvidia, y que ambos países estarían “haciendo mucho comercio”.
“Nuestros agricultores van a estar muy contentos”, aseguró el presidente norteamericano sin entrar en detalle.
La visita de Trump esta semana fue seguida de cerca como un momento decisivo para las relaciones entre Estados Unidos y China. Ambos países son rivales geopolíticos, pero siguen profundamente vinculados a través de una de los vínculos comerciales más lucrativos del mundo, con cientos de miles de millones de dólares en bienes y servicios intercambiados cada año.
Trump ha criticado en reiteradas oportunidades lo que considera prácticas comerciales chinas injustas, presionando a Pekín para que compre más bienes estadounidenses mientras se muestra abierto a la inversión china.
Pero incluso si China firmara acuerdos que le permitiera a Trump presentarlos como una victoria y reforzar su reputación como negociador, es poco probable que modifiquen la trayectoria de una relación cada vez más adversarial.
Aun así, Trump proyectó optimismo tanto sobre la relación como por supuestos acuerdos alcanzados durante la visita. Durante un té con Xi en un jardín de Pekín el viernes, el presidente norteamericano llegó a hablar de “una visita increíble”.
“Creo que han surgido muchas cosas buenas de esto”, señaló Trump. “Hemos hecho algunos acuerdos comerciales fantásticos, realmente para ambos países”, destacó el mandatario.
Los funcionarios chinos adoptaron un tono más cauteloso. Consultado sobre si China había acordado comprar más aviones Boeing o más productos agrícolas estadounidenses, Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, no confirmó ningún detalle. Señaló que Pekín estaba dispuesto a trabajar con Estados Unidos “para implementar el importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado”.
Stephen Olson, exnegociador comercial estadounidense, dijo que “no se esperaban grandes avances y no se lograron, pero ambos países obtuvieron lo que necesitaban de esta cumbre: un poco más de estabilidad”.
Ambas partes habían alcanzado sus objetivos. Trump salió con acuerdos que podía exhibir como “logros” económicos, mientras que Xi utilizó el encuentro para presentar a China “como un competidor paritario pleno de Estados Unidos, un país que no necesita arrodillarse ante las demandas estadounidenses”, dijo Olson.
Funcionarios estadounidenses dijeron el viernes que empezarían a establecer una nueva “Junta de Comercio” para supervisar la actividad, un mecanismo que implicaría que ambos países reduzcan aranceles sobre alrededor de 30.000 millones de dólares en productos.
Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, dijo en una entrevista con Bloomberg News el viernes que esperaba que China aceptara comprar más productos agrícolas estadounidenses, además de un acuerdo vigente por tres años para adquirir 25 millones de toneladas métricas de soja al año. Pekín también renovó licencias de exportación para algunos frigoríficos estadounidenses, permitiéndoles vender carne vacuna en China.
Muchos legisladores y funcionarios estadounidenses, incluido Greer, han insistido en que el comercio con China se concentre en sectores menos sensibles que no contribuyan a fortalecer las capacidades tecnológicas o militares chinas.
Los funcionarios no precisaron qué concesiones, en caso de existir, había ofrecido Estados Unidos a cambio de las compras prometidas. Consultado sobre si el gobierno de Trump aún podría aumentar los aranceles a China, Greer señaló que ambas partes habían acordado que habría “un cierto nivel de aranceles”, aunque se negó a dar más detalles.
Para reemplazar los aranceles globales anulados por la Corte Suprema en febrero, el gobierno norteamericano lanzó dos investigaciones comerciales que se espera deriven en nuevos aranceles contra China y decenas de otros países este verano.
Por otro lado, Greer añadió que ambas partes parecían dispuestas a extender un acuerdo sobre tierras raras, que garantiza la continuidad de las exportaciones chinas de esos minerales y vence a finales de este año, aunque no se hizo público un acuerdo concreto.
El funcionario también señaló que nuevas regulaciones chinas que permiten al gobierno sancionar a empresas extranjeras por trasladar sus cadenas de suministro fuera de China eran un motivo de “gran preocupación” para él. “Estamos tratando de gestionar las diferencias en lugar de escalarlas”, afirmó Greer.
En lo comercial, incluso el acuerdo presentado como el principal resultado concreto del encuentro resultó decepcionante. Las acciones de Boeing cayeron 4% cuando Trump dijo el jueves que China compraría 200 aviones de la compañía, una cifra muy inferior a los aproximadamente 500 que, según fuentes consultadas por Reuters, estaban en discusión.
Más tarde añadió que el pedido podría ascender a 750 aviones, “si hacen un buen trabajo con los 200”.
Sin embargo, hubo pocos detalles sobre esos acuerdos y ninguna señal de avances en la venta a China de los chips avanzados de inteligencia artificial H200 de Nvidia, a pesar de la incorporación de último momento del director ejecutivo Jensen Huang al viaje.
La cumbre estuvo cargada de pompa, desde soldados marchando con paso de ganso hasta recorridos por un jardín secreto. Pero a puertas cerradas, Xi lanzó una advertencia tajante a Trump: cualquier manejo inadecuado de la principal preocupación de China, Taiwán, podría derivar en un conflicto.
Durante un intercambio con periodistas de regreso a Estados Unidos, Trump dijo que Xi le manifestó su oposición a la independencia de Taiwán.
“Lo escuché. No hice ningún comentario (…) Tampoco asumí ningún compromiso en ningún sentido”, señaló Trump. Añadió que decidirá en breve sobre una venta de armas pendiente a Taiwán, después de hablar con “la persona que ahora mismo está (…) dirigiendo Taiwán”.
No estaba claro si Trump se refería al presidente de Taiwán, Lai Ching-te.
Una conversación directa entre un presidente estadounidense en funciones y el líder de Taiwán sería inédita desde que Washington trasladó su reconocimiento diplomático de Taipéi a Pekín en 1979, y probablemente enfurecería a China, que considera a la isla democráticamente gobernada como parte de su propio territorio.
Consultado sobre si consideraría una intervención militar en caso de que China atacara Taiwán, Trump dijo que prefería no responder, una no respuesta coherente con la política estadounidense de larga data conocida como ambigüedad estratégica.
Esa política establece que Estados Unidos se ha comprometido a garantizar que Taiwán disponga de los recursos para defenderse si China intenta forzar un cambio unilateral, pero no especifica expresamente hasta dónde llegaría Washington en términos militares para contrarrestar a Pekín si esa situación llegara a producirse.
China, por su parte, afirmó que ambos líderes acordaron una nueva visión para “una relación China-Estados Unidos constructiva de estabilidad estratégica”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino señaló que este marco orientará los vínculos durante al menos tres años –el resto del mandato de Trump– y se centrará en la cooperación, la competencia dentro de límites y la gestión de las diferencias.
La idea es “mantener la relación en equilibrio”, explicó Helena Legarda, del Mercator Institute for China Studies.
George Chen, socio de la consultora The Asia Group, señaló que este enfoque puede interpretarse como un avance tras la etapa del predecesor demócrata de Trump, Joe Biden, cuando la relación era enmarcada como una competencia estratégica.
Un breve resumen estadounidense de las conversaciones del jueves destacó lo que la Casa Blanca describió como el deseo compartido de los líderes de reabrir el estrecho de Ormuz, frente a Irán, y el interés de Xi en comprar petróleo estadounidense para reducir su dependencia de Medio Oriente.
Antes de que los líderes se reunieran para tomar el té el viernes, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino emitió un comunicado contundente en el que expresó su frustración por la guerra.
“Este conflicto, que nunca debió haber ocurrido, no tiene razón para continuar”, señaló el ministerio, y añadió que China apoyaba los esfuerzos para alcanzar un acuerdo de paz en una guerra que había alterado el suministro energético y la economía global.
En Zhongnanhai, Trump dijo que los líderes habían hablado sobre Irán y que se sentían “muy en sintonía”, aunque Xi no hizo comentarios.
“Sentimos algo muy parecido sobre cómo queremos que esto termine”, dijo Trump con Xi a su lado. “No queremos que tengan un arma nuclear”, agregó el mandatario en relación al régimen islámico.
Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que Xi también se opuso a cualquier implementación de peajes a los buques que crucen el estrecho.
En el vuelo de regreso a Washington, Trump aclaró que no había pedido “ningún favor” en relación con Irán.
Agencias AP y Reuters y diario The New York Times


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