SAN PABLO.– En los últimos días, el recuerdo del operativo militar de Estados Unidos en Venezuela, en la madrugada del 3 de enero pasado, estuvo muy presente entre diplomáticos, periodistas y analistas políticos en la región. La acusación de los Estados Unidos contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro, de 94 años, fue interpretada por muchos como una jugada que podría preceder un ataque a Cuba, similar al que ordenó el presidente Donald Trump contra Caracas.
Antes del impactante bombardeo de Caracas, el gobierno de Trump acusó al expresidente venezolano Nicolás Maduro de liderar el Cartel de los Soles -posteriormente desestimado por la Justicia de los Estados Unidos- y de ser el gran responsable de la tragedia económica de Venezuela. La comparación entre ambas situaciones es tentadora, reconoció una fuente diplomática brasileña.
Pero esa misma fuente consideró un error pensar que Cuba, como ocurrió con Venezuela, será atacada por Estados Unidos, y enumeró sus razones: existe en Cuba un régimen cohesionado, sin fisuras; es muy difícil que el gobierno estadounidense encuentre en la isla una figura como la presidenta venezolana Delcy Rodríguez, dispuesta a liderar un gobierno tutelado por Washington; en Cuba no hay una oposición fuerte ni dentro ni fuera de la isla; tampoco existe una burguesía cubana que pueda apoyar una intervención militar extranjera; y, quizá el elemento más importante de esta ecuación, Cuba resistiría y podrían morir militares estadounidenses.
En los últimos días, integrantes del régimen cubano afirmaron que si la isla fuera atacada habría un “baño de sangre”. El presidente Miguel Díaz‑Canel dijo claramente que cualquier agresión militar de Estados Unidos contra Cuba resultaría en “un baño de sangre de consecuencias incalculables”, tanto para la isla como para ciudadanos estadounidenses. Después del error cometido por Trump en Irán, un paso en falso en la región podría generar más cuestionamientos internos al presidente estadounidense.
El ataque a Venezuela fue una operación militar exitosa. Sin muertos del lado estadounidense, Trump logró la captura de Maduro y de la exprimera dama Cilia Flores, y pasó a tratar a Delcy Rodríguez como una figura subordinada a su gobierno. El propio presidente estadounidense llegó a afirmar que Venezuela sería un “estado de la federación de estados americanos”, una humillación que Delcy está obligada a tolerar para sobrevivir políticamente, pero que en otros sectores del chavismo generó profundo malestar. Aún con el riesgo de tensiones internas, Trump obtuvo una victoria impactante en Venezuela.
¿Podría repetirse la misma situación en Cuba? Según fuentes diplomáticas de varios países de la región, incluso del Caribe, y de Estados Unidos, un ataque a la isla implicaría riesgos mucho mayores para la Casa Blanca.
Aun así, Trump, muy influenciado por el secretario de Estado Marco Rubio, podría decidir bombardear Cuba y secuestrar a Raúl Castro. Esa es la opinión de un diplomático estadounidense en funciones en una embajada estadounidense en América del Sur. “Nadie debería dudar de la osadía de Trump. Si el presidente decidiera atacar Cuba, estoy seguro de que encontraría apoyo dentro del régimen. Los cubanos vieron lo que Trump hizo en Venezuela, saben que no está jugando, y creo que terminarían negociando”, comentó la fuente.
Pero no todo el mundo piensa lo mismo. Diplomáticos extranjeros en La Habana consideran que un ataque a la isla es el escenario menos probable en este momento. Una de las fuentes consultadas recordó que en Cuba está la base de Guantánamo, ubicada en el sureste de la isla y arrendada por los Estados Unidos desde 1903. “Un ataque estadounidense podría llevar a una guerra de baja intensidad en la isla, una guerra que podría durar semanas o meses. Cuba tiene la doctrina de la Guerra de Todo un Pueblo, lo que implica que, en caso de ataque, el gobierno armaría a la población para resistir. La situación se podría descontrolar, y la existencia de Guantánamo no es un dato menor”, explicó la fuente.
Muchos se preguntan si Estados Unidos y Cuba están negociando un acuerdo de cara a una eventual operación militar estadounidense en la isla. Todo indicaría que no. Hasta ahora, se celebraron tres reuniones entre delegaciones cubanas y estadounidenses, y del lado estadounidense participaron personas distintas en cada encuentro. Del lado cubano, siempre estuvo el nieto de Castro, conocido como “Raulito” o “El Cangrejo”.
Se trata de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, hijo de Débora Castro Espín, la hija mayor de Raúl Castro, y del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López‑Callejas, expresidente de Gaesa, el conglomerado militar y empresarial que controla gran parte de la economía cubana vinculada a las Fuerzas Armadas. Raulito tiene 41 años y, con el rango de teniente coronel del Ministerio del Interior, está al mando de la Dirección General de Seguridad Personal, que se encarga de la protección de Raúl Castro y del acceso directo a él.
“No hablaría de negociaciones, sí de una estrategia de presión máxima de Estados Unidos, que busca quebrar al gobierno cubano. El bloqueo de combustible, que dejó la isla casi sin energía eléctrica, generó una situación crítica desde el punto de vista social. Pero no es una negociación, es presión pura”, explicó la fuente diplomática.
Entre países del Caribe, que no lograron una posición única sobre el ataque de Estados Unidos a Venezuela, el temor es grande. La sensación predominante es de que una agresión a la isla generaría una reacción muy enérgica en contra de Washington, pese al miedo que algunos Estados, como la República Dominicana, tienen de enfrentarse a Trump. Pero no hay certeza de nada. Pelearse con la Casa Blanca tiene costos muy altos para los países caribeños, y Trump lo sabe.
El peor escenario sería complicado para grandes países como Brasil. Asesores del presidente Lula reconocen que “un ataque a Cuba sería una situación muy difícil para Lula, que tiene una relación histórica con la isla y con los cubanos. Habría una condena, por supuesto, pero también cautela”. Lula está en plena campaña para intentar una cuarta reelección, y, ante un hipotético ataque a Cuba, transformar la defensa de la isla en una causa de su gobierno podría tener un alto costo político.
En medio de los análisis que realizan diplomáticos y consultores políticos, una usina de rumores funciona a todo vapor. Se habla de la compra de drones por parte del régimen cubano, información que fuentes en la isla niegan. La superioridad bélica de los Estados Unidos es un hecho irrefutable, y desde el punto de vista militar, Cuba estaría en absoluta desventaja. Pero eso no implica que el régimen cubano, como ocurrió con el chavismo, se entregaría sin pelear. Hay que recordar que en el ataque a Venezuela murieron más de 30 agentes de seguridad cubanos que estaban en el Fuerte Tiuna de Caracas.
Cuba no es Venezuela, y el régimen cubano no es el chavismo, hoy sumergido en una crisis de identidad. Lo que hará Trump aún es un misterio, incluso para quienes trabajan en el Departamento de Estado. Diplomáticos estadounidenses hacen especulaciones, pero reconocen que hoy nadie sabe qué está planeando el presidente. Por las dudas, dijo una de las fuentes estadounidenses consultadas, “es mejor no desconectarse los viernes y sábados a la noche”. Esa misma fuente fue despertada por su mujer en la madrugada del 3 de enero, mientras su país bombardeaba Caracas.
Ahora todos miran a Cuba.


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