Anne Applebaum: “La gente está empezando a ver la escala de la corrupción de Trump”


Mientras Vladimir Putin apuesta a escalar su ofensiva contra Ucrania y la guerra en Irán amenaza con desestabilizar todavía más a Medio Oriente, Anne Applebaum piensa que la batalla decisiva del año se librará en Washington.

Desde hace décadas que la historiadora, periodista y columnista de The Atlantic analiza, desde Rusia a Hungría, como las democracias se erosionan desde adentro, dinámicas que ahora encuentra en el país que debía ser un dique de contención mundial contra los autoritarismo.

“En Estados Unidos están ocurriendo cosas que nunca habían sucedido antes, como que el presidente use su cargo para enriquecerse a sí mismo y a su familia”, dice durante una videollamada desde Varsovia, la ciudad donde cubrió para The Economist la transición de Polonia del comunismo al capitalismo tras la caída del bloque soviético y donde todavía pasa parte del año.

“La gente está empezando a ver la escala de la corrupción” del gobierno de Trump, agrega.

Anne ApplebaumBoris Roessler – Getty Images

Ganadora del Pulitzer por Gulag, en sus libros El ocaso de la democracia y Autocracy Inc. siguió el ascenso de líderes iliberales, las redes de cooperación entre regímenes autoritarios y el debilitamiento progresivo de las instituciones. Señales que ahora ve con alarma en Washington, la otra ciudad donde pasa el resto del tiempo.

De la derrota de Viktor Orban al ascenso de China, en una entrevista con LA NACION, Applebaum hace un profundo análisis sobre el estado del mundo y describe un segundo mandato de Trump mucho más radicalizado que el primero, rodeado de figuras que ya no buscan simplemente administrar el poder sino alterar las reglas del sistema político. Y señala que lo que está en juego en las elecciones de mitad de mandato de noviembre va mucho más allá de la composición del Congreso norteamericano.

–Muchos analistas vieron el primer mandato de Trump como disruptivo y este segundo parece más radical e ideológico. ¿Qué cambió?

–La principal diferencia es la gente que lo rodea. Después del 6 de enero, la mayoría de las personas que trabajaban para él y muchos líderes del Partido Republicano se volvieron contra Trump porque entendieron que había liderado una insurrección contra la Constitución. Pero un pequeño grupo miró ese episodio y dijo: “Eso es lo que nosotros también queremos hacer”. Tampoco les gusta Estados Unidos tal como es y les gustaría transformarlo radicalmente. Algunos son cristianos que quieren que el país deje de ser un Estado secular; otros son multimillonarios tecnológicos que creen que deberían dirigir el país. Distintos objetivos, pero todos atraídos por ese radicalismo. Ahora Trump está rodeado de personas que quieren habilitar cualquier proyecto que él quiera llevar adelante, y también de personas con agendas propias, muy radicales y a veces contradictorias. Por eso se lo ve yendo en distintas direcciones.

El asalto al Capitolio en Washington, por parte de partidarios del presidente Donald Trump, el 6 de enero del 2021. (AP foto/John Minchillo)John Minchillo – AP

–La reciente cumbre entre Trump y Xi reforzó la idea de un nuevo orden mundial, un orden global, algunos hablan de esferas de influencia, el presidente habló de un G-2. ¿Hay un nuevo orden tomando forma?

–Hay personas alrededor de Trump a las que les gusta esa idea: Estados Unidos controla el hemisferio occidental, China controla Asia. Pero en la práctica no tenemos eso. Lo que hay es un Estados Unidos muy errático, todavía conectado con sus aliados pero perdiendo gradualmente influencia. Y China se presenta como una potencia estable, aunque la mayoría de sus vecinos le tiene miedo. Lo que realmente existe es una desintegración del sistema más que el surgimiento claro de algo nuevo. El propio Trump no tiene una definición clara de lo que quiere lograr. Sus intereses son, y es muy difícil para la gente aceptar esto, principalmente sobre sí mismo: “¿Estoy ganando?”. No tiene una visión de largo plazo para Estados Unidos. Lo que vemos es claramente el final de un orden en el que Estados Unidos establecía muchas de las reglas y era la columna vertebral de cierto tipo de contención de las superpotencias. Eso está terminando, pero todavía no está claro qué lo reemplazará.

Trump y Xi durante la última cumbre en PekínMark Schiefelbein – AP

–¿La inteligencia artificial fortalecerá más a las democracias o a los regímenes autoritarios?

–Creo que todavía hay demasiado que no sabemos sobre lo que hará la inteligencia artificial y sobre quién la controlará. Estados Unidos parece haber avanzado muy rápido con estas tres o cuatro compañías muy poderosas. Los chinos también están bastante avanzados en inteligencia artificial y están haciendo algo muy diferente. Están construyendo inteligencia artificial de código abierto que esperan que sea adoptada por muchos países. Es posible que en el futuro haya dos sistemas. Habrá una especie de sistema dominado por Estados Unidos y luego otro sistema usado quizá por más gente, pero dominado por China. Y todavía no sabemos los suficiente sobre hacia dónde se dirigen.

–Esta pregunta quizá parezca algo superficial, pero el Mundial es algo muy importante en la Argentina. Hay dos maneras de ver estos megaeventos deportivos: como una forma de buscar unidad global o como una oportunidad política para ensalzar el nacionalismo ¿Qué tipo de Mundial cree que veremos bajo el gobierno de Trump?

–El Mundial nunca es una cuestión superficial. Siempre me interesó porque refleja distintas culturas y conversaciones políticas. Y este, como todos, también tendrá una dimensión política. Una cuestión será la situación de Irán y cómo impacte la guerra actual en el torneo. Pero lo más interesante será cómo reaccionen los aficionados de todo el mundo a viajar a Estados Unidos en medio de una administración con un discurso muy anti extranjero y con controles de ingreso mucho más duros. Al final la gente verá fútbol y alentará a sus equipos, pero estoy segura de que habrá cuestiones políticas entretejidas en la conversación sobre el Mundial debido a la naturaleza agresiva de la administración Trump.

La selección de Irán instalará su base del Mundial 2026 en México luego de la negativa de Donald Trump para que se queden en EE.UU.AP / Instagram @realdonaldtrump

–Hablando de esa naturaleza agresiva, usted ha planteado que el trumpismo ha dado pasos hacía una autocracía blanda ¿En qué lo ve?

–No hay duda de que algunas personas alrededor de Trump —él mismo no usaría este lenguaje— quieren que Estados Unidos se convierta en eso. Les gustaría alterar las instituciones para darse más poder al Ejecutivo y debilitar a los tribunales. Se puede escuchar a Trump atacar a los jueces, incluso a magistrados de la Corte Suprema que él mismo nombró. Eso es una de las señales más importantes en el camino hacia una autocracia blanda. También se puede ver a la administración intentando manipular y controlar a los medios, influyendo sobre quién compra empresas mediáticas. Están usando las herramientas del Estado y sus amigos en el mundo empresarial para moldear el entorno informativo. Eso es exactamente lo que hizo Viktor Orbán: una señal clásica. La verdadera prueba será cuán justas sean las próximas elecciones. Trump ha amplificado teorías conspirativas sobre 2020 y está dirigiendo dinero hacia personas que participaron en la insurrección de enero de 2021. Está poniendo en movimiento muchas piezas diseñadas para hacer posible que cambie o manipule el resultado electoral. El hecho de que lo estén intentando no significa que vayan a tener éxito, pero no hay duda de que lo están intentando.

–¿Y qué pasa con la ingeniería electoral, como el gerrymandering?

–Es realmente algo sin precedentes. Ya habíamos tenido gerrymandering antes, pero nunca en un año sin censo. Normalmente ocurre después de un censo, cuando se redibujan los distritos. Este año no hubo censo, pero lo hicieron igual, puramente por razones políticas. Eso lo hace diferente del pasado. Ahora tenemos una especie de competencia de gerrymandering que, si uno lo piensa, es casi la cosa más antidemocrática que se puede imaginar: son personas en el poder intentando cambiar el sistema de votación para que gane su lado.

–En los últimos días hemos visto triunfos de candidatos trumpistas en las primarias y divisiones entre los republicanos, ¿cree que esto puede tener beneficiando a los demócratas de cara a las elecciones de medio término?

–No puedo predecir cómo votará la gente dentro de seis meses. Es normal en Estados Unidos que en las elecciones de medio término la gente tienda a votar por el partido que no está en la Casa Blanca, así que eso no sería sorprendente. Este año también tenemos a un presidente históricamente impopular, incluso según sus propios estándares; es más impopular que durante su primer mandato. Ha roto una cantidad significativa de promesas, o muchas cosas que la gente asumía que haría en el cargo no las hizo. No se esperaba que secuestrara al líder de Venezuela, invadiera Irán o provocara un enorme aumento en el precio de la nafta, algo que afecta mucho a los estadounidenses porque la mayoría necesita manejar. Creo que la gente está empezando a entender la escala de la corrupción en Washington, que está en otro nivel. Están ocurriendo cosas que nunca habían sucedido antes, como que el presidente use su cargo para enriquecerse a sí mismo y a su familia, algo sin precedentes en Estados Unidos a esta escala. Entonces, quizá la gente está empezando a verlo. Normalmente uno esperaría que a los demócratas les vaya bien, pero esta vez hay algunas razones históricamente nuevas para pensar que eso podría ocurrir.

Trump en la caravana presidencialManuel Balce Ceneta – AP

–¿Qué es lo más importante que está en juego en las elecciones de medio término?

–En primer lugar, la seguridad de las elecciones presidenciales de 2028. Si después de estas elecciones tenemos una Cámara de Representantes controlada por republicanos e influida fuertemente por republicanos que participaron en el intento de robar la elección de 2020, entonces las posibilidades de tener una elección justa en 2028 serán muy pequeñas. En segundo lugar, si la cleptocracia y el robo pueden frenarse en Washington durante los próximos dos años, si todavía hay tiempo para poner un freno a eso y a las formas extremas de comportamiento del presidente, y si el Congreso puede detener la politización de los medios y de la administración pública. Hay muchas grandes áreas de política pública sobre las que el Congreso tiene control y en las que el Congreso republicano se ha negado a frenar a Trump, y teóricamente un Congreso demócrata sí podría hacerlo. Pero nuevamente, mucho depende de los números, de lo que pase en el Senado y de muchas otras cosas.

–Otra cuestión es que hemos visto muchos episodios violentos, como tiroteos cerca de la Casa Blanca o el incidente del Hilton. ¿La violencia se ha normalizado en Estados Unidos?

–La violencia ya estaba bastante normalizada de maneras que no ocurre en muchos otros países desarrollados. Los tiroteos escolares y los tiroteos aleatorios ocurren en cifras que no tienen comparación con ningún otro lugar. También hemos tenido intentos de asesinato presidencial antes. Probablemente sí sea cierto que ahora existe un nivel más alto de lenguaje violento y polarizante en la política que en cualquier otro momento, excepto quizá en los años previos a la Guerra Civil. El presidente ataca, degrada e insulta a sus enemigos de una manera que no tiene precedentes en el pasado. Y eso probablemente contribuye a esta atmósfera de enojo y violencia crecientes.

–Quiero pasar ahora a Europa. Usted mencionó antes a Viktor Orban como un modelo de democracia iliberal. Él sufrió una derrota impactante hace unas semanas. Entonces, ¿cree que esa derrota también es una derrota para su modelo?

–Fue muy importante por dos razones. Primero, porque Orbán funcionaba en Europa como una especie de representante de los rusos dentro de la Unión Europea. Eso quedó expuesto durante la campaña con conversaciones filtradas entre su ministro de Exteriores y el canciller ruso. La salida de Orban ya tuvo impacto en la guerra en Ucrania: ahora los europeos pueden financiar a Ucrania sin ser bloqueados, y los rusos de repente enfrentan un enemigo más grande de lo que esperaban. Pero la segunda razón es más profunda. Orban era la encarnación de la idea iliberal: que uno puede ser elegido democráticamente y usar esa elección para cambiar el sistema político de manera tal que nunca vuelva a perder. Controlaba los medios, politizó el Estado, controló el Poder Judicial y permitió que su partido fuera corrupto a una escala extraordinaria. Hizo todo lo posible para impedir perder. Pero lo que no pudo detener fue una ola de enojo por cómo esas tácticas habían empobrecido al país. El iliberalismo puede volver pobre a un país, porque cuando se presiona a los jueces y se eliminan los controles, la tentación es robar y acumular poder para uno mismo y su entorno. Eso es exactamente lo que hizo Orbán. Perdió interés en gobernar y en la prosperidad de los húngaros comunes, y se concentró en aumentar su propio poder. Finalmente fue arrastrado por esa ola de enojo, y creo que lo sorprendió.

Viktor OrbanATTILA KISBENEDEK – AFP

–Hablando de Rusia, Putin parece cada vez más agresivo en el campo de batalla. ¿Qué lo está impulsando?

–Hay que distinguir dimensiones. En el frente de batalla los rusos no están ganando; de hecho, están empezando a perder territorio. Los ucranianos lograron golpear las líneas de suministro rusas en la retaguardia, dificultando mucho el avance. Los rusos están perdiendo 30.000 personas por mes. No están ganando en el frente. En cambio, lanzan ataques masivos con misiles y drones sobre ciudades ucranianas y hacen mucho ruido diciendo que harán más. Pero la mayoría de los ucranianos cree que, si hubieran podido destruir Kiev, ya lo habrían hecho. El lenguaje extremadamente agresivo es en realidad un reflejo de debilidad. Los ucranianos además son capaces de atacar objetivos muy dentro de Rusia, incluso recientemente en Moscú. Por primera vez, los rusos en las grandes ciudades están entendiendo que no están ganando. La guerra ya lleva más de cuatro años, más tiempo del que lucharon en la Segunda Guerra Mundial. Y creo que eso finalmente está empezando a caerles la ficha, lo que vuelve a Putin más nervioso, más paranoico y más impredecible.

Vladimir PutinALEXANDER KAZAKOV – POOL

–Existe una sensación en Europa de que Estados Unidos ya no es un aliado confiable. ¿Qué estrategia debería implementar?

–Los europeos necesitan tener su propia defensa, algo que ya comenzaron a construir. Pero también necesitan su propia tecnología. Y esto eventualmente también será cierto para América del Sur. Necesitarán tener su propia inteligencia artificial, sus propias redes sociales y su propio sector tecnológico. Durante demasiado tiempo dejaron que Estados Unidos avanzara y que los mejores ingenieros y científicos europeos terminaran en Estados Unidos. Eso no es sostenible a largo plazo porque esta forma de tecnología implica mucho poder político. Las plataformas de redes sociales pueden controlar y manipular de qué se habla. Y no necesariamente son favorables para la democracia europea ni, en realidad, para ninguna democracia. Si Europa quiere seguir siendo soberana, necesitará su propia forma de hablar consigo misma. Ya se ha visto a Europa empezando a hacer nuevos acuerdos comerciales, incluidos con el Mercosur y también con India. Creo que eso también es una señal de los tiempos. Todos buscan nuevas relaciones y nuevas aperturas porque Estados Unidos se ha vuelto muy impredecible. Y creo que eso continuará.

–Uno de esos movimientos impredecibles fue la guerra con Irán. ¿Diría que ese es el mayor error estratégico de Trump en su presidencia?

–Uno nunca sabe cuál es el mayor error estratégico hasta algunos años después. Irán tenía un régimen muy feo y, si eventualmente cayera, eso seguiría siendo algo bueno. Pero sentados aquí a fines de mayo de 2026, es el mayor desastre para Trump porque es el problema que no puede controlar ni resolver, y ahora mismo no parece tener ninguna idea de cómo terminarlo o, al menos, cómo terminarlo de una manera que parezca una victoria. Porque nunca tuvo una estrategia clara sobre qué se suponía que debía lograr allí ni qué iba a producir la guerra. Y debo decir que la catástrofe podría ser bastante amplia: una crisis de combustible en todo el mundo, incluida una crisis de combustible para aviones. Hay una crisis de fertilizantes que comenzará a afectar la agricultura en todo el mundo, especialmente en África, donde gran parte de los fertilizantes provienen de Medio Oriente, y eso eventualmente llevará a hambre y dificultades reales. Entonces, no es solo una vergüenza y una mala historia para Estados Unidos, sino que podría convertirse en una verdadera tragedia para muchos lugares.

–¿Cree que Trump podría copiar el libreto usó en Venezuela en Cuba?

–Claramente están interesados en Cuba y han bloqueado exitosamente al país, por lo que llega muy poca energía allí. Ese podría ser otro lugar donde haya una crisis humanitaria muy pronto. Lo que me preocupa de Cuba es lo mismo que me preocupaba de Irán y me sigue preocupando de Venezuela: no estoy segura de que Trump tenga en mente los intereses del pueblo cubano. No está interesado en ayudar a Cuba a adoptar una forma de gobierno que sea buena para los cubanos. En cambio, quiere algún tipo de cambio de régimen que sea bueno para él o que lo haga quedar bien; no estoy segura de qué significa exactamente eso en el caso cubano. En el caso de Venezuela, significó poner a alguien del mismo régimen pero dispuesto a vender petróleo a compañías estadounidenses. Desde el punto de vista de los venezolanos comunes, no sé cuánto cambió eso; aparentemente un poco, pero no demasiado. En Irán parece haber tenido la misma idea: simplemente querer a alguien en el poder que sea más amable con Estados Unidos, y no parece importarle qué pase con los iraníes, con el futuro de la democracia iraní o con el movimiento democrático iraní, que es muy grande. Entonces, mi temor respecto de Cuba sería el mismo: que sea otro caso de poner a alguien en el poder que no se preocupe por los cubanos.

–En América Latina también hemos visto casos de injerencia electoral como en el caso de la Argentina, y esta semana lo vimos a Flavio Bolsonaro en la Casa Blanca…

–Sí, buscan favorecer candidatos que creen que reflejan su ideología, aunque no siempre está claro qué significa exactamente eso. Pero han intervenido directamente en elecciones en Polonia, Rumania y la Argentina, como usted dice, y también lo intentarán en Brasil, aunque la última vez que lo hicieron les salió mal, pero podrían volver a intentarlo. Están muy interesados en seguir de cerca las coaliciones políticas en Alemania y también les interesa el Reino Unido. Entonces, sí, y no siempre es Trump personalmente quien está interesado; muchas veces es un nivel por debajo. Hay una especie de ideólogos MAGA dentro y fuera de la administración que buscan promover personas que apoyan o favorecen. Y sí, creo que veremos más de eso. De una forma u otra, la gente en Washington que tenga la capacidad de hacerlo intentará ayudar a que Flavio Bolsonaro gane. Nuevamente, no sé si podrán. A veces estas cosas no funcionan, pero lo intentarán.

–Desde que escribió su libro Autocracy Inc., ¿es hoy más pesimista o más optimista sobre el futuro del mundo?

–El libro trataba sobre Rusia, China, Irán, Corea del Norte y también Venezuela, tal como era entonces. Y creo que esas alianzas, con excepción de las más débiles que se han desmoronado, como Siria y Venezuela, siguen intactas. Una de las cosas que quedó bastante clara en el conflicto entre Estados Unidos e Irán es que tanto China como Rusia siguen apoyando a Irán y son parte de la razón por la que Irán está resistiendo tan bien. El apoyo chino y los drones iraníes son la razón por la cual Rusia todavía puede seguir luchando en Ucrania. Lo que más cambió desde que salió el libro es en realidad lo que ocurrió dentro de Estados Unidos. Yo siempre imaginé que Estados Unidos sería el país que lideraría la resistencia contra estas redes autocráticas. Y ahora Estados Unidos no va a hacer eso. O bien quieren tener relaciones comerciales o amistades con algunos de estos Estados autocráticos, incluida China, o simpatizan con los objetivos de las autocracias. Estados Unidos se ha convertido en una especie de comodín más que en un líder del mundo democrático. Y eso significa que la carga de encontrar la manera de enfrentar a las redes autocráticas queda en manos de los europeos, los sudamericanos o las democracias asiáticas.




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