Texas se convirtió en el nuevo imán para las empresas de EE.UU.

“Justo cuando pensé que había logrado que se enamorara de Tennessee, debería haber sabido que no tendría que haberlo llevado de vuelta a Abilene”. Así se lamenta Ella Langley en Choosin’ Texas, una canción que se mantuvo entre las más escuchadas de Estados Unidos durante todo 2026. Es posible que parte de esas reproducciones provengan de funcionarios y legisladores de otros estados. Porque, al igual que la cantante, ellos también están perdiendo frente a Texas.

El 27 de mayo, los accionistas de ExxonMobil aprobaron un plan para cortar los vínculos históricos de la petrolera con Nueva Jersey y reincorporarla legalmente en Texas, donde desde hace años se encuentra su sede central. No es un caso aislado. Según la firma inmobiliaria CBRE, al menos 184 compañías trasladaron sus casas matrices a Austin, Dallas o Houston entre 2020 y 2025. Entre ellas figuran Tesla y Caterpillar.

Texas se está consolidando de manera sostenida como el nuevo centro de gravedad corporativo de Estados Unidos. Ningún otro estado recibe más inversión empresarial ni suma más habitantes a su población. Entre 2020 y 2025 generó aproximadamente una quinta parte de todos los nuevos empleos netos creados en el país.

A comienzos de la década, Texas atraía trabajadores remotos que escapaban de los altos impuestos, los precios prohibitivos de la vivienda y las políticas cuestionadas de las grandes ciudades costeras. También se benefició de los subsidios impulsados por la administración Biden para energías limpias y fábricas de semiconductores.

Ahora, el dominio texano en materia energética lo convirtió además en uno de los grandes ganadores del auge de los centros de datos. Al mismo tiempo, sus ecosistemas tecnológicos y financieros se fortalecieron. Este verano inaugurará su primera bolsa de valores independiente, la Texas Stock Exchange, que se sumará a las operaciones que ya tienen allí la Bolsa de Nueva York (NYSE) y Nasdaq. Donald Trump calificó la nueva sucursal de la NYSE como algo “increíblemente malo” para su ciudad natal, Nueva York, aunque la primera empresa en cotizar allí fue justamente su emprendimiento de redes sociales.

La capacidad de atracción del estado entre los jóvenes profesionales también crece con cada reproducción de una canción country. Parece no haber un rincón de Estados Unidos con el que Texas no esté compitiendo.

La base del poder

Para entender este ascenso hay que empezar por Houston, corazón de la industria energética del estado. Los magnates del petróleo y el gas vienen acumulando ganancias extraordinarias gracias a la guerra con Irán. Pero en los últimos años Texas también se transformó en un polo de energías renovables.

En 2026 se espera que construya dos quintas partes de toda la nueva capacidad solar a gran escala que se incorporará en Estados Unidos. Sus extensas llanuras son ideales para esta tecnología. Uno de los proyectos más importantes, Tehuacana Creek, agregará 837 megavatios y será la mayor instalación solar que entrará en funcionamiento este año en el país.

Esta ola de inversiones no estuvo exenta de problemas. En 2021, la red eléctrica texana sufrió fallas críticas durante una tormenta invernal. Sin embargo, la crisis impulsó un proceso de modernización que incluyó fuertes inversiones en almacenamiento mediante baterías. Las autoridades esperan que eso permita enfrentar mejor el crecimiento de la demanda.

Hasta ahora, los resultados parecen alentadores. A pesar del fuerte aumento del consumo eléctrico, los precios minoristas de la energía siguen ubicándose cerca del promedio nacional. Desde aquella crisis, la red eléctrica solo emitió una alerta de emergencia.

La petrolera Exxon Mobil decidió mudar su base de operaciones a Houston atraída por la política impositiva del estado

El boom del data center

Una ventaja adicional es que muchos de los nuevos centros de datos construidos en Texas operan fuera de la red eléctrica tradicional, por lo que no necesitan esperar autorizaciones de conexión.

Entre ellos se encuentra el gigantesco proyecto alimentado con gas natural en el condado de Shackelford impulsado por OpenAI, creadora de ChatGPT, junto con Oracle. Según la consultora Wood Mackenzie, aproximadamente la mitad de los proyectos energéticos fuera de red desarrollados en Estados Unidos están ubicados en Texas.

Las regulaciones urbanísticas flexibles también ayudan. Muchos condados tienen un control limitado sobre los desarrollos construidos fuera de los límites urbanos. Es el caso del condado de Grimes, donde Elon Musk planea levantar Terafab, una fábrica de semiconductores de dimensiones comparables a las de un pequeño país europeo.

Además, una exención del impuesto a las ventas para centros de datos, vigente desde 2013, reforzó todavía más el atractivo del estado. La consultora JLL estima que Texas podría superar a Virginia —hoy líder en capacidad instalada de centros de datos— antes de 2030.

Auge tecnológico

La abundancia de energía y la facilidad para construir también impulsaron el crecimiento de Austin como polo tecnológico.

La región conocida como Silicon Hills alberga tanto empresas consolidadas, como Dell, como startups de rápido crecimiento, entre ellas la firma de robótica Apptronik.

La inversión de capital de riesgo en Austin alcanzó un récord de US$7400 millones el año pasado, según PitchBook. La ciudad ya es la quinta más activa de Estados Unidos en materia de venture capital, cuando una década atrás ocupaba el décimo puesto.

Incluso uno de los pisos de Capital Factory, la mayor incubadora de startups local, aloja una oficina de la unidad de innovación del Ejército estadounidense.

La ola de inversiones también está impulsando a Dallas, bautizada por algunos como Y’all Street, en referencia a Wall StreetImagen ilustrada con IA

La ola de inversiones también está impulsando a Dallas, bautizada por algunos como Y’all Street, en referencia a Wall Street.

Goldman Sachs está construyendo allí un campus de US$500 millones con capacidad para 5000 empleados. JPMorgan Chase ya tiene más trabajadores en Texas que en Nueva York.

Nasdaq inauguró en marzo su filial texana, donde cotizará SpaceX junto con su mercado hermano de Nueva York.

Los abogados corporativos también tienen motivos para celebrar. Texas busca desplazar a Delaware como principal centro del derecho societario estadounidense.

En 2024 creó el Texas Business Court, un tribunal especializado para resolver disputas empresariales complejas. Además, aprobó normas que limitan la capacidad de accionistas minoritarios para iniciar demandas y presentar propuestas corporativas.

Bryan Hughes, senador estatal y uno de los impulsores del nuevo tribunal, cree que la decisión de Exxon marcará un antes y un después: “Se rompió el hielo”.

El poder blando

Sobre South Congress Avenue, una de las calles comerciales más exclusivas de Austin, largas filas se forman frente a negocios que venden botas vaqueras y cinturones con grandes hebillas. Detrás de esa imagen hay otro activo menos visible de Texas: su creciente influencia cultural.

La joyera Kendra Scott, valuada en más de US$1000 millones, es apenas uno de los ejemplos de una lista cada vez más extensa de marcas texanas exitosas. En 2023 lanzó Yellow Rose, una submarca inspirada en la estética vaquera, cuyo crecimiento se aceleró a medida que el estilo ranchero ganó popularidad. Incluso la princesa de Gales fue vista recientemente usando botas de cowboy.

Según Scott, el estilo rodeo ya no es algo exclusivamente texano. Señala que Louis Vuitton vende productos inspirados en el Oeste y que artistas como Post Malone comenzaron a grabar música country.

Tampoco es la única marca con ambiciones nacionales. Empresas como Yeti, fabricante de botellas térmicas de gran tamaño, y Buc-ee’s, una cadena de tiendas de conveniencia para automovilistas, se expanden rápidamente fuera del estado.

Al igual que las marcas de surf ayudaron a exportar el estilo de vida californiano o Ralph Lauren difundió la imagen del noreste acomodado, estas compañías funcionan como embajadoras del modo de vida texano.

El desafío de atraer talento

El creciente atractivo cultural de Texas facilita que las empresas convenzan a trabajadores calificados para mudarse allí, señala Richard Florida, de la Universidad de Toronto. Y eso será fundamental para sostener el crecimiento futuro.

Formar talento local es parte central de la estrategia económica del estado, pero en el corto plazo seguirá necesitando atraer profesionales destacados de otras regiones.

La abundancia de viviendas y los bajos impuestos personales ayudan, aunque tienen límites. Muchos trabajadores siguen sintiéndose incómodos con ciertos aspectos de la agenda política estatal.

Los enclaves progresistas dentro de Texas contribuyen a equilibrar la situación. En cambio, las exhibiciones públicas de confrontación política —como las impulsadas por el fiscal general y candidato republicano al Senado Ken Paxton— generan el efecto contrario.

El éxito texano debería preocupar a estados como Nueva York y California, que observan cómo parte de su base tributaria se desplaza hacia el sur.

Al mismo tiempo, ya surgieron imitadores. Carolina del Norte aprobó un plan para eliminar su impuesto corporativo hacia 2030. Tennessee copió la estrategia texana de ofrecer grandes terrenos listos para desarrollar. Nevada intenta crear su propio tribunal empresarial.

Sin embargo, ninguno parece estar cerca de competir con el estado de la estrella solitaria. Como resume Michael Sury, de la Universidad de Texas en Austin: “Texas ya tenía las semillas plantadas. Pero ahora que empezamos a atraer más capital y más empresas, estamos llegando a un punto de inflexión”.


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