Cómo Estados Unidos se convirtió en un paraíso para los emprendedores

Hace algunos años, Zachary Dunn vendía autos en un pequeño pueblo de Georgia cuando se dio cuenta de que estaba “cansado de hacer ricos a otros”. Poco después renunció y, junto a un compañero de la universidad, comenzó a vender por Internet gorras con frases estampadas. (Entre sus éxitos más recientes figuran “Daddy” y “Ponelo en la cuenta de mi marido”). Su empresa, The Mad Hatter Company, proyecta alcanzar este año ventas por más de US$10 millones. Dunn asegura que nunca volverá a trabajar para otra persona.

Y no es el único. Desde comienzos de 2024, un promedio de 466.000 estadounidenses presentó cada mes solicitudes para crear una empresa, según datos de la Oficina del Censo. Solo en junio de este año hubo 531.000 nuevas solicitudes, casi el doble del promedio mensual registrado en 2019.

A los estadounidenses siempre les atrajo la idea de ser sus propios jefes. (El término “boss” proviene de una adaptación del vocablo neerlandés baas, utilizada por los colonos de Nueva York). Durante al menos dos décadas, alrededor del 60% afirmó que preferiría tener su propio negocio antes que trabajar para otro, de acuerdo con Gallup. Sin embargo, hasta hace poco cada vez menos personas lograban concretar ese deseo. A medida que las grandes empresas atraían empleados con la promesa de estabilidad, la proporción de trabajadores independientes cayó del 36% en 1910 a menos del 10% en 2020, según un informe del American Enterprise Institute.

Ahora la tendencia comenzó a revertirse. El empleo independiente a tiempo completo alcanzó en 2025 su nivel más alto del siglo, con 16,8 millones de personas, según el Small Business & Entrepreneurship Council.

El boom comenzó durante la pandemia, cuando muchos estadounidenses despedidos optaron por trabajar por cuenta propia. En julio de 2020 las solicitudes para crear empresas llegaron a un récord de 547.000. Los incentivos federales ayudaron: millones de personas accedieron a subsidios para pequeñas empresas. También contribuyeron el auge del comercio electrónico y las nuevas formas de generar ingresos de manera remota.

Cuando la pandemia quedó atrás, las empresas volvieron a contratar y desaparecieron buena parte de los incentivos públicos. Aun así, la creación de empresas se mantuvo en niveles elevados y, desde comienzos del año pasado, volvió a acelerarse.

Las startups de inteligencia artificial de Silicon Valley explican solo una pequeña parte del fenómeno. Los sectores que registran el mayor crecimiento en nuevas empresas son los servicios profesionales (25% entre 2021 y 2025), el comercio minorista (18%) y la salud y la asistencia social (18%).

Mercado menos dinámico

Una primera explicación es el contexto macroeconómico. Entre 2021 y 2025 las empresas estadounidenses contrataron y despidieron relativamente pocos trabajadores. La dificultad para conseguir un empleo formal pudo haber empujado a muchas personas a crear su propio negocio, sostiene John O’Trakoun, economista de la Reserva Federal de Richmond.

Los jóvenes, especialmente, enfrentan un mercado laboral complejo para acceder a sus primeros empleos y encuentran en el emprendimiento una alternativa atractiva. Según Gallup, la proporción de estadounidenses de entre 15 y 34 años que considera que es un buen momento para conseguir trabajo cayó del 75% en 2022 al 43% el año pasado.

Algo similar ocurrió con quienes se mudaron durante la pandemia y no quisieron regresar a las oficinas. Un estudio de Ryan Decker y John Haltiwanger halló una fuerte correlación entre la cantidad de personas que renunciaban a sus empleos en una determinada zona y el número de nuevas empresas creadas, especialmente en los suburbios que recibieron a muchos trabajadores que abandonaron las grandes ciudades.

Nuevos nichos de consumo

La segunda explicación está vinculada con los cambios en el consumo. El envejecimiento de la población estadounidense impulsó la demanda de servicios destinados a adultos mayores, desde residencias hasta consultores especializados en mudanzas para jubilados.

Al mismo tiempo, los pequeños comercios encuentran más fácil vivir de nichos muy específicos gracias al crecimiento del comercio electrónico y a algoritmos que conectan mejor la oferta con consumidores de intereses particulares.

Más de la mitad de las ventas impulsadas por Shopify ya provienen de categorías que están fuera de las 100 más populares. Hoy un emprendedor puede ganar dinero vendiendo cartas coleccionables o pastilleros personalizados sin competir en mercados saturados.

Además, encontrar ideas de negocio nunca fue tan sencillo. Justus Shaw, quien abrió un carrito de café móvil en Tennessee el año pasado, decidió incorporar una máquina para enlatar café frío después de ver un video en redes sociales de un negocio de Florida. Gracias a esa innovación, hoy factura entre US$10.000 y US$15.000 por mes.

El efecto IA

La tercera explicación —y probablemente la más importante— es la inteligencia artificial.

Los chatbots facilitaron enormemente el lanzamiento de nuevos negocios, permitiendo incluso a personas con pocos conocimientos tecnológicos crear un sitio web o cumplir con las regulaciones locales.

Según una encuesta de Gusto, la proporción de emprendedores que utilizó IA para lanzar su empresa pasó del 30% al 60% entre 2023 y 2025. JPMorgan Chase también observó que las nuevas empresas adoptan la tecnología antes y con mayor intensidad que las generaciones anteriores.

La IA permitió que muchas personas que ya querían independizarse pudieran hacerlo mucho más fácilmente.

“Es como una reacción química que necesita superar una energía de activación”, explica Miquel Llobet, fundador de un corredor de seguros comerciales basado en IA. “La inteligencia artificial reduce esa barrera.”

La era del emprendedor solitario

Los políticos suelen describir a las pequeñas empresas como grandes creadoras de empleo. Sin embargo, apenas el 30% de las nuevas compañías creadas el año pasado tiene altas probabilidades de contratar empleados en el corto plazo, frente al 38% registrado en 2019.

Según economistas de Stripe, la IA está cubriendo capacidades que antes obligaban a contratar personal, inaugurando así “la era del emprendedor solitario”.

Kelly Loeffler, directora de la Small Business Administration, discrepa. Cree que, a largo plazo, las empresas impulsadas por IA terminarán contratando tantos o más trabajadores que las tradicionales.

Justus Shaw, por ejemplo, automatizó gran parte de sus tareas administrativas, pero ya contrató cinco baristas para atender el crecimiento de su negocio en bodas y eventos corporativos.

Lo mismo ocurrió con Jake Levine, fundador de una empresa que ayuda a laboratorios farmacéuticos a gestionar ensayos clínicos. “Siempre tuvimos la intención de crecer”, afirma.

Los cambios económicos y tecnológicos crearon un terreno fértil para un país históricamente enamorado del espíritu emprendedor, reduciendo el capital y el conocimiento necesarios para iniciar un negocio.

Aaron Terrazas, economista de Gusto, cree que gran parte del valor generado por la inteligencia artificial no terminará concentrándose en los gigantes corporativos, sino en vendedores de Etsy, contadores de pequeñas ciudades y millones de pequeños emprendedores. Si tiene razón, Estados Unidos podría estar revirtiendo una tendencia de más de un siglo: la de trabajar para otros en lugar de construir un negocio propio.


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