El consenso de los analistas económicos coincide en que el equilibrio de las cuentas públicas y la baja de la inflación marcarán la hoja de ruta del gobierno de Javier Milei hasta las elecciones de 2027 e incluso tendrán un lugar central hacia adelante.
Son, de algún modo, un activo que supo instalar el Gobierno y que la sociedad argentina acompañó y acompaña con gran esfuerzo, por lo que se descuenta serán parte de la discusión pública en el tramo final de este año y a lo largo de 2027.
Nadie espera que haya un rebrote inflacionario importante, sino más bien una continuidad del proceso de desinflación, que será lento pero consistente con el objetivo de reducirla a un dígito anual. En este punto, una viga maestra del plan económico es descartar de plano la emisión monetaria.
En este escenario, la mirada está puesta hoy en el nivel de actividad de una economía que muestra una gran heterogeneidad entre sectores muy dinámicos que crecen por encima del promedio –los tan mencionados energía, minería, agro y algunos servicios- y otros que siguen en caída y no logran repuntar, como la industria y el comercio tradicional.
El agro, el Oil & Gas e, incipientemente, la minería son actividades capital intensivas, pero más limitadas en cuanto a la generación de empleo en el balance global. En cambio, la industria, el comercio y la construcción –que tampoco consigue escapar a las alzas y bajas intermensuales- hoy revistan entre los perdedores del modelo y son ramas de actividad mano de obra intensivas.
De hecho, durante esta semana se conocieron los datos correspondientes a julio de la industria y la construcción, con caídas tanto en la comparación frente a junio como contra julio de 2025. La actividad fabril retrocedió 5% comparada con julio último y 4,9% en relación al mismo mes de 2025. Por el lado de la construcción, la variación negativa fue del 4,9% mensual y 4,55 interanual. De esta forma, retornó el comportamiento en forma de “serrucho”, con meses de alzas y de bajas que no logran consolidar un repunte.
En el acumulado de los primeros siete meses, la industria pierde 2,6% respecto del mismo período de 2025. La construcción, en cambio, registra un aumento del 1,/% en igual lapso.
Mientras a comienzos de 2026 el Fondo Monetario Internacional proyectaba para la Argentina un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 4% y el Gobierno lo estimaba en 5% en la Ley de Presupuesto correspondiente a este año, hoy el consenso de los analistas ubica ese indicador en el 2%. Los más audaces se arriesgan a que el PBI cerraría en 2026 un 2,5% arriba respecto del año último. Algo parecido se proyecta para 2027.
En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central correspondiente a agosto y difundido los primeros días de este mes, las consultoras, centros de investigación y entidades financieras ajustaron su previsión de crecimiento del PBI al 2,1%, una caída del 0,6% respecto de la encuesta previa (2,7%). Cuando arrancó el año, en enero, las proyecciones se ubicaban en el 3,2%.
LA NACION consultó a cinco estudios para conocer cuáles son sus últimas estimaciones sobre el nivel de actividad, la inflación y otras variables relevantes, como la inversión.
“La debilidad de la actividad vista como un todo está ganando peso en la preocupación del mercado, más que nada por una razón electoral”, señala Elisabet Bacigalupo, responsable de Análisis Macroeconómico de la consultora Abeceb, que prevé un crecimiento del PBI de 2,6% para este año. “El mercado se pregunta si con este nivel de actividad puede ganar el oficialismo”, agrega.
Para Bacigalupo, “el consumo sigue siendo uno de los principales focos de fragilidad” al analizar lo que está sucediendo con el nivel de actividad. Menciona en ese sentido el rebalanceo que ocurrió hacia el sector de servicios. “La gente tiene que gastar más en servicios, prepaga, salud, luz, gas, eso es consumo que sube, pero la gente siente que cada vez la plata le alcanza menos, no es consumo que le cause placer”, apunta.
Exportaciones en plenitud
“Hoy el único driver de crecimiento de la economía es la exportación, ni el consumo ni la inversión traccionan”, señala Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo, que proyecta una variación del PBI del 1,9%. El economista observa que el país se dirige hacia un ciclo económico-financiero que dependerá mucho de la política. “En 2027 vamos hacia una economía ‘picapiedra’, donde todos van a querer pasar las elecciones cubiertos en dólares, todos van a querer ahorrar y nadie gastar”, opina.
Para Milagros Gismondi, economista jefe de Invecq Consultores, la economía 2026/27 “está entrampada en un dilema macroeconómico que el Gobierno tiene que cumplir, apuntando a la sostenibilidad del programa económico comprando reservas, pero con más actividad y baja de la inflación”. De todas formas, señala que este año terminará con crecimiento de entre 2 y 2,5%, anudando dos años seguidos de suba. “Crecimiento débil, pero crecimiento al fin”, destaca la economista.
En este sentido, Gismondi valora el dinamismo que pueden darle a la economía los créditos en dólares, “aunque hay que ver a qué ritmo se da la capacidad prestable de los bancos”. “El crédito en dólares no es para familias, apunta a la inversión y sería algo muy saludable para la economía”, enfatiza.
“El Gobierno quiere impulsar la actividad con créditos en dólares, pero eso es para grandes empresas, no veo pymes con espaldas para tomar esos créditos”, opina por su parte Ricardo Delgado, presidente de la consultora Analytica. “Puede haber algo de inversión en logística, en actividades vinculadas al sector agropecuario, transporte de bienes, pero son muy puntuales. No veo un animal spirit inversor, dicho en términos keynesianos”, remata el exfuncionario del gobierno de Mauricio Macri respecto de la inversión, una de las variables que está incidiendo en el reacomodamiento a la baja del crecimiento para este año.
Según los números de Abeceb que brinda Bacigalupo, la inversión cayó en el primer semestre del año, llegando en la actualidad al 17% del PBI medida a precios constantes y al 14% medida a precios corrientes. “Para crecer a un ritmo del 4% o 5% y hacer el catch up (recuperación) de todo el crecimiento que perdiste necesitarías por lo menos una tasa de inversión a precios constantes de 25 puntos del PBI”, plantea.
Al respecto, la economista advierte la paradoja de que el país está en un régimen económico pro inversión y, sin embargo, la inversión cae. Lo atribuye esencialmente a una combinación de factores, que abarcan a pymes que atraviesan un momento complicado, entonces no amplían plantas o construyen un nuevo galpón; a que la industria tiene una elevada capacidad ociosa y, por lo tanto, posterga planes de ampliación o incorporación de equipamiento; y a que la construcción, que representa un 60% de la inversión, “no está booming”.
El alfabeto del crecimiento
Al momento de analizar lo que está sucediendo con la actividad, Carlos Pérez, director de la Fundación Capital, considera que, dada la cercanía con 2027 y lo que puede implicar el proceso electoral para el conjunto de las variables, es preciso analizar lo que resta de 2026 y las perspectivas 2027 como un todo. “Me parece que contarla en diciembre de 2026 es incompleto”, señala.
Retomando la caracterización a través de letras del alfabeto, Pérez considera que la economía está en presencia de una Y, en la que 2026 es el pie o tallo y hacia 2027 los caminos posibles se bifurcan en dos direcciones, dependiendo de la evolución de las variables y, fundamentalmente, de las señales que lleguen de la política, en un año en el que habrá continuidad o cambio de gobierno.
“Vemos dos escenarios con probabilidades similares, pero donde tenés una bifurcación en 2027 es en el tema cambiario”, destaca el exgerente general del Banco Central. En este contexto, se proyecta un “crecimiento modesto, en torno al 2% real anual el año próximo y desinflación también modesta”, afirma Pérez.
De acá a fin de año y bajo supuestos de mantenimiento de la ortodoxia fiscal y monetaria, acuerdos con sectores de la oposición como los gobernadores, continuidad de las bandas cambiarias y acumulación de reservas y dólares financieros, “si sigue el escenario base tendrías una evolución de la inflación y el tipo de cambio por debajo del 20% en 2027 y crecimiento del 2%”, apunta.
El otro escenario, en el que la incertidumbre política incide más fuerte en las variables macroeconómicas, muestra según la Fundación Capital una “ralentización y algo más parecido a lo que fue 2025, con crecimiento menor al 1% anual y una nominalidad del tipo de cambio que sube más que la inflación”.
Vinculado con la oferta de dólares de cara al año próximo, Menescaldi observa que, a diferencia del mercado, que supone que la oferta de dólares viene bien en línea con el programa financiero presentado por el Gobierno, “desde EcoGo vemos que no se terminó de estabilizar, no se logró el acceso al crédito internacional para refinanciar deuda y las reservas internacionales no están en los niveles adecuados que necesita la economía, que es el doble de lo que tenés hoy”.
En números gruesos, las reservas internacionales brutas se ubican en los US$50.660 millones (al 21 de agosto), pero para estar holgados y despejar cualquier intento de corrida cambiaria deberían cruzar la línea de los US$100.000 millones, indica Menescaldi.
En tanto, Pérez destaca que, ante un horizonte incierto, como supondrá casi con seguridad la campaña electoral 2027, los mercados siempre descuentan escenarios y anticipan su jugada. Parte de eso es lo que está mostrando la cotización de algunos bonos, con su correlato en el riesgo país.
Por caso, el rendimiento del bono AO27 que vence justo antes de las elecciones es de 4,7%, integrado por el 4% que paga un bono de Estados Unidos y lleva implícito un riesgo de sólo 70 puntos básicos, explica. En contraste, el AO28, que vence ya con un nuevo gobierno en el poder, tiene un rendimiento de 15,1%, descuenta 4,2% de tasa estadounidense y supone un riesgo país de 1090 puntos.
“La clave de 2027 es que puede ganar cualquiera y puede pasar de todo en un escenario de tres tercios. Esto tiene correlación con el riesgo país y con el mercado cambiario”, señala Pérez. Y da pistas de qué monitorear hacia adelante, como cuántas reservas va comprando el Banco Central; si la economía puede acceder al mercado internacional de deuda; cómo el Gobierno va cumpliendo el programa financiero; la evolución del crédito al sector privado, que hoy en pesos no reacciona y en dólares está mejor; y cómo evolucionan los salarios reales.
Inflación en caída
Respecto de la inflación (que en agosto cayó al 1,7%), los analistas prevén que la desaceleración continuará, aunque el proceso será gradual. Delgado celebra que el Gobierno haya dejado de hablar de la meta de que el índice mensual empiece con cero, pronóstico que el Presidente había efectuado para el pasado mes de agosto.
“El Gobierno, en un baño de realidad, dejó de hablar de esa meta y finalmente entendió que la desinflación es un proceso lento”, señala Delgado y agrega que “para bajar la inflación hace falta paciencia estratégica”. En el REM, Analytica proyectó 29% para todo 2026. “Este año no es de un gran logro anti inflacionario”, asegura.
“El proceso de desinflación continúa, a un ritmo gradual, a partir de ahora y hasta fin de año vemos un promedio de 1,7% o 1,8% mensual”, coincide Bacigalupo. En este escenario, la inflación anual quebraría la barrera del 30% para ubicarse este año en torno al 29,6%, señala y reconoce que “bajar la última milla de la inflación es lo más difícil”.
Algo más optimista se muestra Menescaldi, con un ojo en la inflación núcleo en los últimos meses, “que viene bastante bien”. En EcoGo no estiman una nueva suba del índice de precios para lo que resta del año, pero tampoco prevén un mes que empiece con cero. “Va a estar entre 1,5% y 2% hasta fin de año”, considera. Sostiene que habrá algún incremento de tarifas “pero ya pasaron los shocks que empujaron la inflación este año, como el grueso de las subas de tarifas, la carne y el combustible”.
Hacia adelante hay que mirar el tipo de cambio, advierte. “El dólar va a generar alguna persistencia de la inflación”, apunta, sin olvidar que en la primera parte de este año hubo un tipo de cambio “muy favorable” con una mayor oferta de dólares que no se esperaban, producto de la guerra en Irán, con suba de los precios del petróleo y los granos, que impulsó un mayor superávit comercial.
Por su parte, Gismondi también observa la misma tendencia descendente en los próximos meses, aunque en Invecq prevén que la inflación cerrará el año en 31%, “el mismo nivel de 2025”, dice. La razón de que el índice venga navegando hace más de un año a una velocidad crucero del 2%, según la economista, se debe a que le cuesta todavía “romper cierta inercia, tenés muchos bienes y servicios indexados”.
“Vamos hacia una desaceleración más gradual, en 2027 continuará esta desinflación, ubicándose algo más alejada del 2% mensual”, indica.


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