El gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez desmanteló el denominado “Salón Néstor Kirchner” en el Palacio de Miraflores, en Caracas, retirando los retratos del exmandatario argentino y eliminando la decoración con los colores de la bandera nacional.
La decisión se produjo tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en el marco de una operación militar de Estados Unidos, y formó parte de una serie de cambios en la sede de gobierno.
Según informó Monitoreamos.com, el espacio fue restaurado a su diseño original, dejando atrás uno de los símbolos más visibles de la cercanía política entre el chavismo y el kirchnerismo.
El salón había sido inaugurado el 1° de diciembre de 2011 por Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner, en un acto en el que el líder venezolano le regaló a la entonces mandataria un cuadro pintado por él mismo con los rostros de Chávez y Néstor Kirchner.
Durante años, el lugar estuvo decorado con imágenes del exjefe de Estado argentino y fue utilizado para reuniones de gabinete. Con la actual reconfiguración política, el salón fue intervenido y despojado de esos elementos.
En su nueva versión, presenta una estética más sobria, con tonos blancos y grises, e incorpora una silueta del Palacio de Miraflores en rojo. De acuerdo con la misma fuente, el espacio ahora es utilizado para recibir a funcionarios estadounidenses.
En ese contexto, el gobierno del presidente Donald Trump designó a John Barrett como nuevo encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Venezuela en reemplazo de Laura Dogu, la principal diplomática estadounidense en el país sudamericano.
Según reconstruyó un enviado especial de LA NACION que estuvo presente ese día, la inauguración del Salón Néstor Kirchner en el Palacio de Miraflores, el 1° de diciembre de 2011, estuvo marcada por un clima de fuerte carga emocional y gestos políticos.
El encuentro entre Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner se extendió por más de cuatro horas y combinó homenajes al exmandatario argentino con una agenda centrada en profundizar los vínculos comerciales, energéticos y sociales entre ambos países. También tuvo un trasfondo político: el impulso a la campaña de reelección de Chávez para 2012.
El momento más impactante llegó cuando Hugo Chávez sorprendió a Cristina Fernández de Kirchner con un cuadro al óleo pintado por él mismo, en el que aparecían juntos el líder venezolano y el expresidente argentino. “Mi reina, te lo pinté para ti y para Néstor”, le dijo al exhibir la obra.
La escena, que descolocó a la entonces mandataria, condensó el tono de una ceremonia atravesada por la emotividad. El salón —hasta entonces sede del Consejo de Ministros— pasaba a llevar el nombre de Néstor Kirchner y estaba decorado con imágenes del expresidente y colores celeste y blanco.
Chávez explicó que el cuadro exhibido era una copia y ordenó traer el original, aún fresco, que terminó regalándole a Cristina, en medio de aplausos y vítores de “¡Viva Néstor!”.
También hubo espacio para definiciones políticas y momentos distendidos. En medio de elogios por su reciente reelección, Chávez habló de un eventual mandato prolongado, pero Cristina lo interrumpió entre risas: aclaró que “cuatro años más son suficientes”, en alusión a su segundo período.
La jornada incluyó además tramos transmitidos por cadena nacional, referencias históricas del líder venezolano —que evocó proyectos de integración latinoamericana inspirados en Simón Bolívar— y hasta una videoconferencia con funcionarios que inauguraban una planta industrial en el interior del país.
Tras la ceremonia, que incluyó la firma de acuerdos bilaterales, la entonces presidenta se retiró visiblemente conmovida. Ya en el hotel, según relataron fuentes de la comitiva, lo primero que hizo fue colgar el cuadro en su habitación, con la intención de llevarlo luego a la Casa Rosada.


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