Trump ordena a la NASA y al Departamento de Guerra crear centrales nucleares en la Luna


MADRID.- Las dos primeras potencias del planeta planean la conquista del lugar más hostil donde hayan estado los humanos. Es el polo sur de la Luna, una zona inexplorada en cuyos cráteres reina la noche perpetua y la temperatura cae a 200 grados bajo cero. Afuera, en las zonas iluminadas por un sol que apenas se levanta del horizonte, el termómetro puede superar los 50 grados. Para poder vivir en un sitio así, hace falta energía nuclear, y Estados Unidos quiere ser el primero en llevarla al satélite, antes que China, su máximo rival.

“Estados Unidos liderará el mundo en el desarrollo e instalación de energía nuclear en el espacio para exploración, comercio y defensa”, reza una iniciativa lanzada por la Casa Blanca, y que va dirigida a los principales actores del gobierno de Donald Trump. El documento presiona a la NASA y al Departamento de Defensa con plazos concretos para poner en marcha este nuevo plan nuclear espacial en el que el gobierno apuesta a una estrecha colaboración entre el Estado y empresas privadas.

La “Iniciativa para la Energía Nuclear Espacial de Estados Unidos” intenta dar un nuevo impulso a planes más específicos anunciados hace meses, como el de construir un reactor de fisión nuclear de hasta 100 kilovatios en la superficie lunar, suficiente para dar energía a unos 80 hogares. La nueva iniciativa fija plazos para reactores orbitales en 2028 y en la superficie lunar en 2030. El documento lo firma Michael Kratsios, máximo asesor científico de Donald Trump, aunque no tiene formación científica académica. La primera aludida de la medida es la NASA, a la que se encarga iniciar el proyecto antes del 14 de mayo.

Los nuevos planes afectan directamente al trabajo de Carlos García Galán, ingeniero nacido en Madrid hace 51 años, y director ejecutivo del programa Base Lunar de la NASA. El objetivo fijado es tan ambicioso que parece inalcanzable: multiplicar los lanzamientos tripulados y robóticos para fundar colonias permanentes desde 2032, en apenas seis años.

“Parece casi imposible, pero eso es lo que hacemos en la NASA”, explicaba García Galán a este diario hace unos días en el Centro Espacial Kennedy, en Florida. “Imaginate si les hubieran dicho a los ingenieros del programa Apolo, cuando ni siquiera habían hecho una órbita de la Tierra, que iban a llegar a la Luna en menos de 10 años. Pero es lo que tenemos que hacer: convertir lo casi imposible en posible, la ciencia ficción en realidad”, exponía un García Galán exultante en su nuevo puesto ejecutivo.

La tripulación del Artemis II, tras su regreso a la TierraAshley Landis – AP

Unas horas después de la conversación con EL PAÍS, despegó desde esa base el cohete tripulado más potente de la historia, que llevaba a bordo a las primeras personas a la Luna en más de medio siglo. Eran los astronautas de Artemis 2, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Unos días después se convirtieron en los humanos que más lejos han viajado en el espacio, observaron zonas nunca vistas de la cara oculta del satélite, y regresaron sanos y salvos a la Tierra en un aterrizaje ejemplar, a pesar de las dudas sobre su seguridad. La misión marcó un hito: por primera vez viajaron a la Luna una mujer, una persona negra y alguien no estadounidense. Es el primer paso en el plan de colonización que lidera García Galán.

El ingeniero debe establecer una cadencia de lanzamientos lunares nunca vista: unos 10 al año, contando viajes tripulados y, sobre todo, robóticos. “Es algo complicadísimo, pero es lo que hay que hacer para alcanzar los objetivos fijados”, reconoce García Galán, que lleva trabajando para la NASA casi 20 años. Para ello, se usarán todos los recursos disponibles, detalla. Habrá lanzamientos tripulados a bordo del Sistema de Lanzamiento Espacial que protagonizó Artemis 2, en combinación con empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, y posiblemente también misiones robóticas con cargas muy pesadas a cargo de estas y otras firmas.

Un cohete Falcon 9 de SpaceX despega desde la plataforma 39A en el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida, el 6 de febrero de 2018. (Foto AP/John Raoux, Archivo)John Raoux – AP

Una parte esencial de este desembarco serán las centrales nucleares de fisión. Estas instalaciones garantizarán energía constante durante las noches lunares, que duran unos 14 días terrestres. Y su combustible puede durar años, incluso siglos.

Serán instalaciones de tamaño chico o mediano, mucho menos potentes que las terrestres, pero capaces de generar calor y energía en la completa oscuridad de los cráteres del polo sur de la Luna, donde la NASA espera llevar astronautas por primera vez a principios de 2028 con la misión Artemis 4. Ese mismo año podría haber un segundo alunizaje tripulado con Artemis 5.

A partir de 2029, se prevé el comienzo de la segunda fase de colonización del satélite, en la que se crearán bases habitables y se pondrán en marcha las primeras instalaciones solares y nucleares. Desde 2032, las bases podrían ser permanentes y sostenidas por robots, vehículos presurizados y un sistema completo de comunicaciones en superficie y en órbita, además de centrales nucleares capaces de dar energía constante durante las gélidas noches lunares.

Los planes de García Galán contemplan enviar cientos de toneladas de carga estratégica a la Luna, entre ellas plutonio para alimentar los reactores de las primeras centrales, explica. La NASA también está explorando el uso de otro isótopo radiactivo: el americio-241, un combustible que podría durar siglos. Los primeros prototipos deberán demostrar que funcionan durante al menos cinco días de noche lunar, con el objetivo de que alcancen los 14 días próximamente, la duración promedio de una noche en el satélite. Los nuevos planes de la NASA también incluyen la primera misión interplanetaria nuclear en 2029, con destino a Marte. De hecho, toda esta colonización lunar se ve como un paso previo al envío de misiones tripuladas al planeta rojo a partir de la próxima década.

La comparación con el programa Apolo es delicada. Esta vez, la NASA quiere llevar adelante sus planes con unas 20 veces menos presupuesto. El gobierno impulsa recortes muy fuertes pero preserva la carrera lunar como prioridad estratégica frente a China.

El cohete New Glenn de Blue Origin despega desde la plataforma LC36 de la estación de la Fuerza Espacial, el domingo 19 de abril de 2026, en Cabo Cañaveral, Florida. (AP Foto/John Raoux)John Raoux – AP

Según García Galán, el presupuesto total de las tres fases de colonización sería de unos 30.000 millones de dólares. Y esta vez la dependencia de las empresas SpaceX y Blue Origin, propiedad de Elon Musk y Jeff Bezos, respectivamente, es total, debido a la necesidad de sus módulos de aterrizaje, que aún no han volado al espacio y podrían generar demoras.

Mientras tanto, China sigue adelante con su plan de llevar astronautas a la Luna en 2030. El país asiático no ha aclarado casi nada sobre su proyecto. Uno de sus posibles lugares de aterrizaje sería Rimae Bode, cerca del ecuador y en la cara visible del satélite. Allí sería posible una misión corta al estilo Apolo sin necesidad de reactores nucleares. Pero el país asiático también planea levantar centrales atómicas en colaboración con Rusia. Y en algún momento aún no especificado, su intención es también llevar humanos al polo sur.

De vuelta a los planes nucleares de Estados Unidos, la iniciativa determina que el Departamento de Defensa desarrolle sus propios dispositivos para competir con la NASA y luego elegir los mejores. La idea es que ambos organismos compartan gastos. El Departamento de Energía debe tener listo un informe en menos de dos meses que compruebe la viabilidad de producir cuatro reactores nucleares en cinco años. También debe proveer el plutonio para el proyecto, si es necesario. El documento, sin embargo, no detalla el presupuesto total de esta apuesta nuclear en el espacio.




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