BUNIA, República Democrática del Congo.– La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió este martes sobre la “magnitud y rapidez” del brote de ébola que golpea a la República Democrática del Congo (RDC), donde las autoridades ya reportaron al menos 136 muertes sospechosas y más de 540 posibles casos en una epidemia que se expande en medio de una grave crisis humanitaria y de seguridad.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se declaró “profundamente preocupado” por la situación y señaló que la aparición de contagios en áreas urbanas, la muerte de trabajadores sanitarios y el intenso movimiento de población aumentan el riesgo de propagación.
La agencia de Naciones Unidas declaró el domingo la emergencia sanitaria internacional y convocó una reunión urgente de expertos para coordinar la respuesta global.
El epicentro del brote se encuentra en la provincia de Ituri, en el noreste del país, una región fronteriza con Uganda y Sudán del Sur atravesada por conflictos armados, desplazamientos masivos y una intensa actividad minera.
Pero el virus ya comenzó a extenderse hacia otras zonas densamente pobladas. Las autoridades congoleñas confirmaron casos sospechosos en Bunia, Goma, Butembo, Mongbwalu y Nyakunde, ciudades donde viven más de un millón de personas. Uganda también informó una muerte vinculada a un viajero procedente del Congo.
La expansión silenciosa del brote encendió las alarmas internacionales. Según expertos sanitarios, el virus circuló durante semanas sin ser detectado porque los laboratorios realizaron inicialmente pruebas para la cepa más común del ébola —la variante Zaire— que dieron falso negativo.
La cepa identificada finalmente fue Bundibugyo, una variante rara del virus para la cual actualmente no existen vacunas ni tratamientos aprobados.
“Algo salió mal en nuestro sistema de vigilancia”, reconoció el virólogo congoleño Jean-Jacques Muyembe, del Instituto Nacional de Investigación Biomédica.
Las primeras muertes se remontan al 24 de abril en Bunia, aunque recién el 14 de mayo se confirmó oficialmente el brote.
La demora en la detección permitió que el virus avanzara rápidamente en una región donde muchas personas interpretaron inicialmente la enfermedad como un fenómeno “místico”, según admitió el ministro de Salud congoleño, Samuel Roger Kamba.
“Los enfermos no fueron llevados al hospital”, explicó el funcionario, quien atribuyó parte del aumento de contagios a la desconfianza de la población y a las precarias condiciones sanitarias.
En el hospital de Rwampara, uno de los principales focos de la epidemia, el aislamiento de pacientes sospechosos comenzó recién esta semana. Personal sanitario y voluntarios denunciaron que enterraron cadáveres sin guantes ni equipos de protección.
“Estamos muy expuestos”, relató a AFP Salama Bamunoba, representante de una organización juvenil local.
La situación preocupa especialmente porque el este del Congo enfrenta desde hace años una profunda crisis humanitaria agravada por la presencia de grupos armados. Solo en Ituri hay más de 273.000 desplazados internos, según datos de la ONU.
En paralelo, la ciudad de Goma permanece parcialmente bajo control del grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda, lo que complica aún más la logística sanitaria y el seguimiento epidemiológico.
La representante de la OMS en el Congo, Anne Ancia, advirtió que el brote podría prolongarse durante meses. “No veo que en dos meses hayamos terminado con esta epidemia”, afirmó.
La OMS comenzó a enviar toneladas de suministros médicos, pruebas diagnósticas y equipos de protección a las zonas afectadas. También evalúa si vacunas desarrolladas para otras variantes del ébola —como Ervebo— podrían utilizarse de forma experimental contra la cepa Bundibugyo.
El ébola provoca una fiebre hemorrágica grave y puede transmitirse por contacto con fluidos corporales, como sangre, vómitos o semen. Aunque no es tan contagioso como el covid-19 o el sarampión porque no se transmite por vía aérea, tiene una tasa de mortalidad muy elevada y ya causó más de 15.000 muertes en África durante el último medio siglo.
“El ébola es una enfermedad de la compasión”, explicó Craig Spencer, médico estadounidense y sobreviviente de un brote anterior en África occidental. “Muchos se contagian mientras cuidan a familiares enfermos o durante funerales”.
La emergencia también reavivó tensiones políticas internacionales. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, criticó a la OMS por haber reaccionado “un poco tarde” ante el brote.
Las declaraciones se producen en un contexto delicado, después de que el presidente Donald Trump impulsara nuevamente la salida de Estados Unidos de la OMS tras cuestionar duramente su manejo de la pandemia de covid-19.
Rubio anunció además que Washington impondrá controles sanitarios a viajeros procedentes de las zonas afectadas y restringirá temporalmente algunas visas. También aseguró que Estados Unidos aportará unos 13 millones de dólares para la respuesta sanitaria y espera abrir unas 50 clínicas de tratamiento en el Congo.
“Es una región rural, de difícil acceso y en un país devastado por la guerra”, señaló.
Mientras tanto, el presidente congoleño Félix Tshisekedi pidió a la población mantener “la calma” y prometió reforzar las medidas de contención.
Pero sobre el terreno, el temor crece rápidamente.
“Conozco las consecuencias del ébola, sé cómo es”, dijo Noëla Lumo, una habitante de Bunia que comenzó a fabricar mascarillas caseras tras enterarse del brote.
Agencias AFP, Reuters y AP


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