La increíble transformación del país que pasó de ser la “Corea del Norte de Europa” al nuevo “Caribe europeo”
ROMA.- De ser llamada la “Corea del Norte de Europa” durante los 47 años de brutal régimen estalinista y aislacionista de Enver Hoxha y de ser el país más pobre del Viejo Continente, Albania se convirtió ahora en el “Caribe europeo”. El año último, un boom de turismo extraordinario catapultó como nunca la economía de este pequeño, desconocido y olvidado país de los Balcanes, famoso por Dua Lipa y la madre Teresa de Calcuta. Los visitantes no sólo encontraron en Albania playas espectaculares, hoteles y restaurantes excelentes, sino también, precios muchos más baratos y accesibles en comparación con localidades de las costas del sur de Italia o de Croacia, destinos más de moda, pero cada vez más caros.
Único país de Europa con mayoría musulmana (60%), pero cuyas raíces cristianas se remontan al primer siglo, cuando San Pablo predicó en esa tierra y donde la cristiandad floreció por varios siglos, Albania tiene apenas 2,8 millones de habitantes en un territorio un poco más pequeño que la provincia de Misiones. El Imperio Otomano conquistó la zona en el siglo XV y reinó hasta 1912, año en el cual Albania se independizó y se convirtió en un Estado donde se respetaban todas las religiones. Fue después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, cuando sobrevino el comunismo y Albania no sólo en 1967 se convirtió en el primer Estado ateo del mundo, sino en un país totalmente cerrado, aislado del resto del mundo por un régimen que vivió obsesionado por una invasión imperialista.
De hecho, quien conoce Albania queda sorprendido al ver los cientos de miles de pequeños búnkeres de piedra construidos por el régimen de Enver Hoxha para azuzar psicológicamente a sus compatriotas que ahora, en medio del boom de turistas, suelen convertir estos resabios del pasado estalinista en bares y otras atracciones.
Con el colapso del comunismo en 1989, Albania enfrentó una transición caótica hacia el capitalismo, que incluyó corrupción, crisis financieras y escaso crecimiento económico. Sin embargo, tal como destacó en un artículo El Economista, entre todo ese caos, la creciente apertura de la economía permitió que, poco a poco, los europeos y el resto del mundo fuesen conociendo un paraíso natural que fue apodado por muchos el “Caribe europeo” por las playas kilométricas con aguas cristalinas y paisajes vírgenes en las que se destacan restos arqueológicos.
El actual primer ministro de Albania es Edi Rama, muy conocido en Italia por ser amigo de su par, Giorgia Meloni, con quien firmó el año pasado un controvertido pacto por el que se construyeron en su territorio -pero bajo jurisdicción italiana- dos centros para la identificación y repatriación de migrantes en las localidades de Shengjin y Gjader.
Si bien fueron inaugurados hace un mes en medio de polémicas por los inmensos costos y cuestionamientos de tipo jurídico y de derechos humanos, al momento estos centros siguen vacíos. Y Meloni, que apostó todo a esta innovadora manera de gestionar los flujos de desesperados, mantiene una pelea con el poder judicial en la que últimamente hasta se entrometió, para respaldarla, el magnate Elon Musk.
Rama se convirtió en primer ministro en septiembre de 2013, tres meses después de las elecciones en las que su Partido Socialista obtuvo una victoria aplastante que puso fin a ocho años de gobierno conservador. Su partido obtuvo un nuevo mandato en las elecciones de junio de 2017 y abril de 2021. Rama siguió una política económica neoliberal, en términos de reducir el gasto público y promover asociaciones público-privadas. Y las cosas fueron cambiando.
Impulsado por la fuerte demanda interna y el excepcional comportamiento del sector turístico que alcanzó metas nunca vistas, en 2023 el PBI de Albania creció un 3,4 %. Según datos de Oxford Econmics, el acumulado de 2024 hasta agosto de turistas extranjeros que visitaron el país alcanzó un espectacular 300% de la población local ya que en todo 2023 se registraron 10,1 millones de llegadas de turistas. Según la Organización Mundial del Turismo en 2024 Albania se convirtió en el país europeo con el mayor aumento de visitantes internacionales con respecto a la época pre-Covid y a nivel global, el segundo, detrás de Qatar.
El premier Rama se hizo eco del boom turístico en las redes sociales el año pasado cuando posteó una vieja e impresionante foto del Vlora, un barco mercantil que llegó el 8 de agosto de 1991 a Bari con 20.000 migrantes, junto a otra foto, al lado, con ferries repletos de italianos partiendo de vacaciones hacia Albania. “Ayer emigrábamos nosotros, ahora vienen ustedes”, comentó.
El 15 de octubre pasado cuando, finalmente, se abrieron en Luxemburgo las negociaciones para la adhesión de Albania a la UE, el gran sueño, Rama en un discurso le agradeció, siempre con ironía, a Vladimir Putin, porque “con su despiadada guerra de agresión” había “despertado hasta a los más escépticos” y les había hecho ver “la realidad de que los Balcanes occidentales son tan necesarios para una UE más fuerte como la UE es necesaria para los Balcanes occidentales”. Rama, que espera que Albania pueda ingresar a la UE antes de 2030, recordó que este pequeño país aspira a ser parte del bloque desde 1990, cuando “salimos del infierno de la dictadura y del país comunista más aislado de Europa, la Corea del Norte en medio de Europa”.
Más allá del boom turístico -que incluye turismo de aventura, turismo de servicios sanitarios estéticos, turismo dental y sexual, que también tienen su peso en el aumento de la atracción hacia el país-, no todo lo que reluce es oro.
“Sí, desde la época de la dictadura las cosas mejoraron dramáticamente, es verdad, pero Albania es todavía un país con muchísimos problemas, entre los cuales la corrupción es el principal”, dijo a LA NACION Albana Kepi, periodista albanesa, corresponsal televisiva de Ora News. “Si vas a Albania te sorprendés por la cantidad de obras en construcción que vas a ver por todos lados, pero es sabido que también esas obras tienen que ver con reciclado de dinero de la mafia albanesa y de sus tráficos de cocaína en todo el mundo”, agregó Kepi, que también destacó que, más allá de la enorme transformación que ha habido en los últimos treinta años, el gran drama es que los jóvenes albaneses siguen queriendo irse del país.
La diáspora albanesa, en efecto, alcanza 1,7 millones de personas y según datos del Banco Mundial, en 2020 envió a su país 1,75 mil millones de dólares en remesas, una cifra equivalente al 9,2% del PBI.
“Los pueblos del interior están vacíos. Quienes estudian y logran un título universitario tratan de escaparse de Albania porque saben que nunca van a poder conseguir buenos trabajos porque sigue habiendo clientelismo, nepotismo y no hay meritocracia”, lamentó Kepi. “Por otro lado tenemos el mismo gobierno desde hace más de 10 años… No hay rotación política y la democracia es débil, frágil y por algo el ingreso a la UE es un camino tan engorroso y tan cuesta arriba”, añadió. “Claro, los turistas ven a un país muy lindo, con playas espectaculares, hoteles de lujo de gran nivel y precios mucho más baratos y se entusiasman. Pero la realidad es distinta: mi madre, por ejemplo, tiene una jubilación mensual equivalente a 140 euros (la moneda albanesa es el lek) que, aunque el costo de vida es más barato que en otros países europeos, si no tuviera hijos afuera que la ayudan, no podría vivir en forma digna”, apuntó, al señalar que justamente por los costos más bajos y la mano de obra barata en los últimos treinta años se han mudado a Albania muchísimos emprendedores italianos.
“Ha habido muchísimos cambios, es verdad. Pero tengo muchas dudas… Incluso en la capital, Tirana, mi ciudad, arquitectos muy conocidos han levantado edificios modernos e impactantes en pleno centro, al lado de antiguos monumentos históricos, como si se hubiera construido un rascacielos al lado del Coliseo de Roma… No sé, mi sensación es que Tirana está perdiendo su identidad, como quizás también Albania, país de los Balcanes colocado históricamente entre Oriente y Europa, que espero que finalmente pueda entrar en la UE y que pueda fortalecer su democracia”, concluyó.


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