Arriazu advirtió que el desempleo en el Gran Buenos Aires es el mayor riesgo político del programa de Milei

El economista Ricardo Arriazu advirtió hoy que la transformación estructural de la economía argentina genera en el corto plazo más destrucción de empleo que creación, y que el principal cuello de botella político del programa de Javier Milei se concentra en el Gran Buenos Aires (GBA), donde el desempleo ya muestra señales de deterioro. La advertencia surgió durante una disertación organizada por BlackToro Asset Management, en la que también participó el economista Fernando Marengo.

“La destrucción es más rápida que la creación”, dijo Arriazu, al describir la paradoja central del proceso de cambio en marcha: los sectores que crecen —energía, minería y agricultura— son intensivos en divisas, pero no en mano de obra, mientras que los que se contraen —industria, construcción y comercio— son los grandes empleadores, y están concentrados geográficamente en el conurbano bonaerense.

“El empresario no tiene la culpa de haber invertido donde invirtió: fueron los incentivos que dieron los gobiernos. La gente tampoco tiene la culpa de haberse mudado al Gran Buenos Aires; también fueron los incentivos que le dio el gobierno. Y ahora cambian las reglas del juego y algunos quedan en el daño”, dijo. Esa situación, advirtió, “puede generar un ruido político” con consecuencias electorales directas. “El desafío es la elección en el Gran Buenos Aires el próximo año”, sentenció.

Los datos respaldan la preocupación. Según señaló, la tasa de empleo cayó 0,7 puntos porcentuales interanuales a nivel nacional, pero en el AMBA la baja fue de 1,3 puntos, el doble. La corriente migratoria que en el largo plazo podría reequilibrar la demografía productiva —con trabajadores moviéndose hacia Neuquén y otras regiones de mayor dinamismo— no opera a la velocidad que requiere la coyuntura política.

Ricardo Arriazu y Fernando Marengo coincidieron en que los sectores que crecen generan divisas pero poco empleo, mientras los que caen concentran trabajadores en el conurbano bonaerense

Arriazu también describió con detalle la envergadura del cambio en perspectiva. En energía, proyectó que para 2030 la Argentina exportará unos US$32.000 millones a un precio de referencia de US$64 el barril, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta, la expansión de la infraestructura de transporte y la creciente producción de líquidos del gas. Este año, estimó, el país exportará 135 millones de barriles de petróleo, y el año próximo 225 millones. “Cada dólar que sube el precio del petróleo son US$135 millones este año y US$225 millones el año que viene”, precisó.

En minería, destacó el potencial del proyecto de cobre Vicuña —la unión de Josemaría y Filo del Sol, con una inversión de US$16.000 millones—en San Juan, y calculó que, a plena producción hacia 2032, solo el cobre podría generar exportaciones por US$25.000 millones anuales. En el agro, estimó que la eliminación de retenciones podría sumar unas 60 millones de toneladas adicionales de producción, equivalentes a casi US$20.000 millones en divisas.

Pero ese potencial convive con un presente más tenso. Arriazu fue explícito: “Hay que ver dónde van a estar los cuellos de botella y cómo se compensan”. Señaló que la construcción y el comercio son los únicos sectores que pueden generar empleo suficiente para compensar las pérdidas en industria, pero que ambos están frenados por la política monetaria contractiva y el alto nivel de tasas. “El Banco Central debería bajar la tasa”, sostuvo, y apuntó que la cartera irregular de los bancos creció por la combinación de tasas altas y enfriamiento de la actividad, lo que a su vez inhibe el crédito. “La economía se planchó”, señaló.

Agregó que si bien el consumo agregado se encuentra en niveles históricos, aclaró que esa cifra incluye turismo, venta de autos, motos y viajes, rubros que crecieron entre el 40% y el 60% en los primeros tramos de la recuperación y que concentraron buena parte del gasto. “Por eso la gente piensa que el récord de consumo es un chiste”, dijo. Lo que quedó para el consumo masivo, señaló, es considerablemente menor.

“La destrucción es más rápida que la creación”, resumió Ricardo Arriazu al describir la transición productiva en cursoRicardo Pristupluk – La Nacion

Además, ese gasto se financió en gran parte con crédito, y la suba de tasas combinada con el estancamiento del ingreso dejó a muchos deudores sin capacidad de pago. El resultado es una banca reticente a prestar, con carteras irregulares en alza.

Arriazu cerró con una evaluación de largo plazo que mezcla optimismo cauteloso con advertencia política. Dijo que, por primera vez, estima la probabilidad de éxito del programa en 50%, frente al 30% que asignaba el año pasado. Pero fue categórico sobre lo que puede truncarlo: “Somos el país de las oportunidades perdidas. Si superás el cuello de botella de la próxima elección en el Gran Buenos Aires, no tengas duda: la Argentina cambia”. Y agregó que para lograrlo harán falta políticas activas de compensación —AUH, seguro de desempleo, obra pública focalizada— que hoy, a su juicio, el Gobierno no está implementando.

Marengo, por su parte, aportó una lectura más técnica sobre la dinámica inflacionaria y monetaria. Proyectó que la inflación de abril quedaría por debajo del 3% —luego del 3,4% de marzo— y que en el segundo semestre la tasa anualizada podría rondar el 25%, una vez que se disipen los factores de energía, carne y tipo de cambio que empujaron los precios en los últimos meses. Sobre la política monetaria, coincidió con Arriazu en que una baja de tasas nominales sería deseable.

El economista jefe de BlackToro amplió su diagnóstico sobre la heterogeneidad del crecimiento. Señaló que, si bien la actividad económica y el consumo se encuentran en niveles máximos históricos, esa fotografía oculta una realidad muy dispar: hay sectores en sus picos y otros muy lejos de ellos. La industria, por ejemplo, se encuentra un 17% por debajo de su máximo, registrado hace 15 años.

Para Fernando Marengo, el empleado industrial del AMBA con obra social y relación de dependencia es el sector más vulnerable de la transición

Aníbal Greco

“Es un crecimiento claramente heterogéneo”, resumió, y advirtió que la caída de la inflación está dejando al descubierto cuán productivas son realmente las empresas argentinas, ahora que ya no pueden cubrir ineficiencias con el diferencial cambiario y la tasa.

Marengo también puso el foco en la situación de la clase media, a la que definió como el sector más vulnerable de la transición. Dividiendo la pirámide de ingresos en tercios, señaló que el tercio superior puede absorber los aumentos en tarifas y precios relativos, y que el tercio inferior tiene cierta protección vía AUH. El problema, dijo, es el segmento del medio: el empleado industrial del AMBA, con obra social y relación de dependencia, que trabajaba en sectores con incentivos distorsionados y que hoy empieza a sufrir el ajuste.

“La pregunta es cómo se da contención a ese sector”, planteó, y apuntó que las respuestas posibles pasan por un margen fiscal para obra pública —tanto nacional como provincial— y, sobre todo, por una política monetaria que permita bajar tasas, ampliar el crédito y reactivar sectores intensivos en mano de obra.


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