NUEVA YORK.- Con una presentación en la que se mostró muy crítico del funcionamiento actual de la ONU, el argentino Rafael Grossi, quien en los últimos años ganó notoriedad en el escenario diplomático internacional por su rol como director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), dio el puntapié inicial en una audiencia clave de tres horas en su objetivo de convertirse a partir de 2027 en el sucesor de António Guterres como secretario general.
“Existen grandes interrogantes sobre el valor real de las Naciones Unidas para resolver los problemas, sobre su eficiencia al hacerlo y sobre su capacidad para lograrlo. Prevalecen el cinismo, la frustración y la tristeza. Y nosotros, como personas que trabajan por la paz y creen en las organizaciones multilaterales -de lo contrario no estaríamos aquí-, debemos reconocer que esta es la realidad: que la tendencia no es favorable y que la dirección en la que se mueven las Naciones Unidas no es la que a todos nos gustaría ver“, dijo Grossi durante los diez minutos que tenía para hacer su presentación inicial.
La exposición del diplomático argentino, elegido la semana pasada por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo en 2026, empezó pasadas las 15 (hora local) en la sede de la ONU en Nueva York, después de que la expresidenta chilena Michelle Bachelet -bajo el mismo formato- expusiera sus planes y respondiera preguntas de representantes de los 193 miembros de la Asamblea General y de organizaciones de la sociedad civil.
“Es por ello que la elección de la persona que habrá de trabajar con los 193 Estados miembros de esta organización reviste, en este momento, una importancia crucial. Como bien sabemos, existe un marcado interés en la idea de la reforma, y creo que tendremos amplias oportunidades de observar cómo cada candidato intenta mostrarse más reformista que el resto”, añadió el diplomático argentino.
“Estamos presenciando un momento único en el que toda la comunidad humana debe actuar”, señaló en otro tramo del discurso, en inglés.
“Todos tenemos la sensación de que es un mundo en el que prevalece la guerra, que la guerra ha vuelto con furor a Europa y otros lugares, en África e incluso en América del Sur, el Caribe, Asia. No hay continente alguno que haya quedado al amparo de este retorno de la guerra”, señaló, y remarcó que muchos se preguntan “¿dónde está la ONU cuando se habla de paz y seguridad?“, una crítica recurrente a la falta de peso del organismo para resolver conflictos internacionales.
“Esa era la idea y es importante que pensemos en todo esto”, afirmó Grossi. “Todo el mundo habla de reforma, pero hace dos años no era así”, explicó respecto a uno de los ejes claves en este proceso de elección.
Grossi fue enérgico al plantear la necesidad de volver a poner en valor el poder de la ONU para actuar en conflictos globales, aunque sin descuidar otras áreas claves como el desarrollo y los derechos humanos. “¿Cómo hablar de desarrollo cuando hay guerra? Guerra es sinónimo de muerte y destrucción“, dijo, tajante.
En el tramo de preguntas de la audiencia, con temas variados de cada región del planeta, el futuro rol de la ONU y hasta su presupuesto, el director general del OIEA se mostró enfático -fiel a su estilo- en muchas de sus respuestas, algunas de ellas en francés y en español. También hubo consultas sobre el desafío nuclear, terreno en el que Grossi se siente muy cómodo. Tenía un tope de tres minutos para responder a cada requerimiento.
“Esta casa no se creó para ser una institución que emite mensajes desde una torre de marfil, se creó y está diseñada para resolver problemas sobre el terreno, y eso quiere decir adaptarse a situaciones, hablar con todos y en particular aquellos que están inmersos en la guerra. Esa es mi visión, la de una institución que estará ahí fuera, que actuará con igual resolución en todos estos frentes“, describió.
“A veces la diplomacia preventiva es esencial y forma parte de las medidas que tomamos para evitar los conflictos”, explicó en otro tramo.
A su turno, el representante de Canadá consultó a Grossi sobre el “contexto del conflicto actual en Irán” y cómo actuaría como eventual secretario general de la ONU para tratar de poner fin a la guerra en Medio Oriente.
“Como usted sabe, llevo ocupándome de esta cuestión desde hace muchos, muchos años. La abordo con gran respeto, y creo que las Naciones Unidas deberían desempeñar un papel en este asunto. En particular si, tal como todos esperamos, las negociaciones en curso logran acercar a las partes beligerantes a algún tipo de acuerdo, entendimiento o paz, tal como la concebimos. Se trata de una cuestión multifacética”, contestó, y añadió que su enfoque consistiría en demostrar que la ONU “podría realizar una contribución tangible y real” a la solución de la crisis.
Antes, en su presentación, Bachelet había hecho un llamado a “no aceptar la desesperanza” y recalcó la importancia de “recuperar la necesidad urgente del diálogo, porque las deliberaciones y la cooperación multilateral han sido la plataforma funcional sobre la que se construyó esta organización y siguen siendo el puente hacia el futuro”.
“Necesitamos unas Naciones Unidas modernas, centradas en resultados reales, sostenibles y verificables, como, por ejemplo, eficacia en la gestión, coherencia y un liderazgo de confianza”, añadió en otro tramo.
El miércoles por la mañana será el turno de la secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, la economista costarricense Rebeca Grynspan, y por la tarde, del expresidente senegalés Macky Sall, el único de los cuatro candidatos que no es latinoamericano.
La región -por la tradición de que haya rotación de regiones en el liderazgo de la ONU– corre con ventaja para volver a tener un secretario general luego de 36 años, cuando expiró el mandato del peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991).
Aunque las presentaciones de los cuatro candidatos -más adelante aún podrían sumarse otros- no serán decisivas, los expertos señalan que constituirán una prueba importante para sus aspiraciones y que los representantes de los Estados miembros estarán atentos a la forma en que respondan a las preguntas sobre distintos ejes claves, como el futuro de la ONU como institución de paz y seguridad en un mundo cada vez más turbulento y las reformas del organismo, sometido a recortes presupuestarios y una clara pérdida de influencia.
“En un momento en que existen guerras de gran envergadura y en el que, con mucha frecuencia, la ONU ha parecido mantenerse al margen de los esfuerzos por ponerles fin, mi impresión es que muchos diplomáticos buscan un candidato que sitúe el papel de la ONU en la esfera de la paz y la seguridad en un lugar muy destacado dentro de su visión de liderazgo para la institución”, señaló a LA NACION el internacionalista norteamericano Daniel Forti, que como jefe de Asuntos de la ONU del Grupo Internacional de Crisis supervisa sus investigaciones, en Nueva York.
Grossi, de 65 años y que cuenta con el respaldo de la administración de Javier Milei, abogó en su carta de candidatura por un “retorno” de la ONU “a sus bases fundacionales: salvar a la humanidad del flagelo de la guerra”, al tiempo que en diversas entrevistas se mostró muy crítico del rol del organismo en conflictos recientes.
Diplomático de carrera, exembajador argentino en Austria y al frente del OIEA desde 2019, tuvo participación activa en dos de los conflictos más relevantes a nivel global de los últimos años, al dirigir la agencia que releva el programa nuclear iraní y la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, la más grande de Europa y ocupada por las fuerzas rusas tras la invasión de febrero de 2022.
En los últimos años ha estado tanto en Moscú para dialogar cara a cara con el presidente ruso, Vladimir Putin, como en Irán para las revisiones periódicas de las instalaciones nucleares.
De hecho, este martes, antes del inicio de las audiencias en Nueva York, el Kremlin señaló que tiene una “visión positiva” del diplomático argentino.
“En cuanto a la elección [en la ONU], muchos países están llevando a cabo actualmente consultas bastante intensas con respecto a la nominación de candidatos. Conocemos a muchos candidatos potenciales, y tenemos una visión positiva de Grossi”, dijo el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, al ser consultado si Moscú respaldaba su candidatura.
Forti señaló que en la audiencia Grossi aprovechará su experiencia en el OIEA para demostrar que ya tiene la trayectoria necesaria para asumir muchas de las responsabilidades —especialmente en materia de paz y seguridad— que el próximo secretario general podría tener que desempeñar.
“Esto incluye, en particular, el mantenimiento de relaciones con los miembros del Consejo de Seguridad, así como la búsqueda de oportunidades para desescalar conflictos bélicos una vez que estos han alcanzado su punto álgido“, explicó.
“De ser elegido, mantendría un diálogo permanente con el Consejo de Seguridad”, dijo Grossi en una de sus respuestas.
El papel del Consejo de Seguridad es clave en el proceso de selección. Tras las audiencias públicas, continuarán los debates hacia adentro de ese órgano de la ONU, que tiene cinco miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
De allí saldrá la propuesta final de un candidato a la Asamblea General -debe tener el aval de los 15 miembros del Consejo- en la segunda mitad del año. Hasta ahora, nunca en un proceso de selección fue rechazada una sugerencia del Consejo para el cargo.
“El proceso de selección [para suceder a Guterres] se desarrolla en un contexto inusualmente difícil. El próximo secretario general heredará una institución sometida a una considerable presión financiera y política”, explicó el investigador Daniel Safran-Hon, exfuncionario en la secretaría general de la ONU y en misiones sobre el terreno en Medio Oriente y África, en una columna en Observatorio Global.
“Las audiencias constituyen una prueba importante. Los aspirantes deben aprovecharlas no solo para presentar una plataforma bien meditada, sino también para demostrar la solidez de su respaldo político y evidenciar que su candidatura se asienta sobre cimientos firmes“, añadió.
En ese sentido, la candidatura de Grossi está apalancada por el Gobierno, que a su vez tiene a la administración de Donald Trump -muy crítico de las Naciones Unidas y sus organismos especializados- como su principal aliado internacional.
“Cuando los diplomáticos evalúan a cada candidato, resulta inevitable que lo hagan a través del prisma de la relación que el aspirante —y su país— mantiene con los miembros permanentes del Consejo. Aunque no está claro en qué medida este factor influirá en el cálculo final”, analizó Forti.
Este proceso también está marcado por la posibilidad latente de que por primera vez una mujer -Bachelet o Grynspan- sea la elegida para liderar la secretaría general de la ONU.
Sin embargo, los expertos hacen hincapié en que si bien hay muchos Estados que respaldan ese iniciativa, los pronunciamientos públicos del gobierno de Trump de que no considera que el género sea la variable más significativa en este proceso podrían restarle impulso.
“Hace dos o tres años, parecía haber un impulso considerable hacia la elección de la primera mujer como secretaria general. Ahora, en cambio, parece ser una cuestión mucho más abierta”, sostuvo Forti.
La postulación de Bachelet -de 74 años y la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres (2010-2013)- perdió impulso tras el retiro del apoyo oficial por parte del presidente José Antonio Kast, líder ultraderechista que asumió el mes pasado en reemplazo de Gabriel Boric. La ex alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos aún tiene el respaldo oficial de los gobiernos de izquierda de México y Brasil.


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