Mediaba el mes de diciembre de 2025 cuando el Banco Central (BCRA) anunció el “inicio de una nueva fase del programa monetario”, basada en una remonetización de la economía por la vía de la compra de reservas que “acompañe la recuperación de la demanda de dinero” y sea compatible con un “proceso de desinflación” que lleve la tasa local de nominalidad a converger con el promedio internacional.
Pasados cuatro meses de aquel anuncio, y a pesar de que la entidad a cargo de Santiago Bausili ya compró más de US$7200 millones, lo que lo obligó a volcar a la calle más de $9,8 billones, la cantidad de pesos que circula en la economía local casi no se modificó. Esto se debe a que, en paralelo, ni siquiera arrancó el denominado “plan colchón”, que proponía que esa inyección de recursos llegara por la vía del desatesoramiento de los dólares que los argentinos mantienen aún hoy “encanutados” o bajo el colchón.
Sucede que, mientras ese motor de emisión monetaria se reactivaba —tras muchos meses apagado—, el Tesoro Nacional absorbió pesos por $5,3 billones. Adicionalmente, “esterilizó, vía rollover superior al 100% en sus licitaciones de deuda en pesos, más de $4 billones”, detalló al respecto en la red X el economista Amílcar Collante, de la consultora Profit.
Es decir, se mantiene una rigidez monetaria tal que —para muchos— dificulta una recuperación sostenida de la actividad, en un contexto de oferta de crédito afectada por las tasas más altas de morosidad de los últimos años y un nivel persistentemente elevado de problemas en una ya tensionada cadena de pagos.
Y esto ocurre pese a que más del 60% del dinero de las personas humanas está hoy remunerado, lo que implica la creación endógena de dinero.
Para algunos analistas, el plan de remonetización puede haber quedado “demorado” por el repunte que mostró la inflación en la primera parte del año, llegando a pulverizar el pronóstico oficial (del 10,1% anual, según el Presupuesto 2026), al alcanzar en apenas tres meses el 9,4%.
“Mientras la inflación no baje, el Gobierno no puede darse el lujo de permitir un crecimiento en los agregados monetarios. En lo que va del 2026 el único agregado monetario que crece es el M3 y esto se debe a que bajaron encajes y no a que inyectaron pesos ya que los pesos que el Central emite para comprar divisas son absorbidos por el Tesoro con superávit de caja y colocaciones de deuda en el mercado local”, sostiene Alejandro Rodríguez, director de la licenciatura en economia de UCEMA.
Aún así resulta al menos llamativo, ya que el propio ministro de Economía, Luis Caputo, si bien insiste en definir la inflación como un “fenómeno monetario”, al explicar el salto del IPC en marzo lo vinculó a la corrección de precios relativos (suba de tarifas), el impacto de aumentos en combustibles y el factor estacional. Es decir, relativizó el impacto monetario, que solo mencionó como rezago de la caída en la demanda de pesos verificada en el último período preelectoral.
Otros analistas creen, básicamente, el plan no arrancó porque el Gobierno sigue temiendo el impacto que una mayor disponibilidad de pesos, en medio de un marcado estancamiento de la actividad, puede tener sobre el dólar.
“Si estamos tan bien como dicen —porque caen las tasas de interés, se renueva la deuda por encima de los vencimientos y el BCRA compra dólares—, ¿por qué no liberan el mercado cambiario? ¿Por qué no se sacan el miedo a ser un país normal? Porque así le están transmitiendo miedo al empresariado y a los agentes económicos, dejando entrever que no todo es tan sólido como dicen”, se preguntó y reflexionó al respecto días atrás el economista Luis Secco en una entrevista por streaming.
Lo concreto es que la oferta de pesos sigue constreñida y afecta también la recaudación impositiva, pese a la tranquilidad que exhibió en todos estos meses el clima financiero local, al mantenerse inalterable aún en un contexto de mayor incertidumbre global por el conflicto en Oriente Medio.
Según los últimos números, se mantiene en torno al 4% del PBI, es decir, por debajo de la mitad del nivel promedio de los últimos 21 años.
Desde el BCRA admiten que no se observa aún una “remonetización de la economía”, aunque destacan las “buenas” señales que empiezan a aparecer cuando se miran “agregados más amplios”.
“Hay que entender que la base monetaria tiene circulante que baja por la digitalización, aunque los depósitos a plazo se recuperan y empiezan a aumentar los saldos de los bancos en el BCRA, con el circulante siendo reemplazado de a poco por dinero digital”, apuntaron ante la requisitoria al respecto de LA NACION.
Aluden a la expansión del 2,3% que registró en abril el denominado M3 (que suma a la oferta de dinero lo colocado en depósitos a plazo), al trepar de $161,9 billones a $167,6 billones, según las últimas cifras.
En este sentido, desde esa entidad van en línea con el discurso general del Gobierno en materia económica , que promete mejores tiempos para los meses que vienen.
“La instrumentación de operaciones de esterilización de excedentes monetarios llevadas adelante tanto por el Tesoro como por el BCRA indican prudencia en la búsqueda del equilibrio monetario/cambiario, incluyendo que el BCRA continúe comprando dólares en el mercado”, observaron desde la consultora Quatum.


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