Mundial 2026: reaparece el conflicto por las figuritas con denuncias de desvíos y comerciantes que cruzan a Uruguay
A pocas semanas del inicio de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, la historia parece repetirse: la escasez de figuritas y álbumes desató un nuevo conflicto que enfrenta a los kiosqueros con los distribuidores y la empresa Panini, replicando un escenario que en 2022 se convirtió en “cuestión de Estado”.
El mercado de las figuritas se sostiene tradicionalmente sobre cuatro actores: el fabricante (Panini), el distribuidor, el “figuretero” -un intermediario histórico que provee a los kioscos- y el kiosquero.
Sin embargo, parte de la cadena de comercialización se encuentra en conflicto. Mientras que el abastecimiento en los supermercados está completamente normalizado -desde el jueves es posible comprar los paquetes de figuritas sin problemas-, los kioscos vienen denunciando que algunos distribuidores se estarían salteando al eslabón del figuretero y del kiosco para vender de forma directa a través de plataformas de e-commerce y otros canales no tradicionales, lo que explicaría los faltantes de figuritas que se registraron el último fin de semana en los kioscos de distintos barrios de la ciudad, de Devoto a Olivos, pasando por Liniers o Palermo.
“Al saltarse al kiosco el distribuidor se termina ‘comiendo’ nuestro margen. Nosotros le compramos el paquete al figuretero a $1600 y lo vendemos al público a $2000, que es el precio que fija Panini, y esos $400 ahora se los están llevando algunos distribuidores”, explicó a LA NACION un kiosquero del barrio de Almagro.
Esta situación generó que los pequeños comerciantes -que por una cuestión de volumen no pueden comprar directamente a la fábrica- se hayan quedado rápidamente sin stock, a pesar de haber realizado pagos adelantados en preventas que en muchos casos no fueron cumplidas.
En paralelo, la falta de producto en los canales oficiales disparó los precios en un mercado negro, que se consolida en el Parque Rivadavia y las plataformas digitales. Mientras que los precios de venta sugeridos por Panini son $2000 para el sobre con siete figuritas y $12.000 para el álbum, los valores trepan hasta alrededor de $7000 y $30.000, respectivamente.
Ante la falta de mercadería, un fenómeno inédito tomó forma: grupos de kiosqueros argentinos viajaron a Uruguay este fin de semana para abastecerse, aprovechando que en el país vecino las figuritas están disponibles y a un precio que, por el tipo de cambio, les resulta competitivo. “Esto ya roza la locura”, señalaron los propios comerciantes a LA NACION, ante la logística necesaria para conseguir el producto.
Por su parte, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), que representa a más de 100.000 puntos de venta del país, presentó un reclamo formal ante Panini la semana pasada, aún sin una respuesta oficial.
“No hay figuritas en los kioscos del interior del país. Desde Jujuy hasta Santa Cruz: estuve hablando el fin de semana con los kiosqueros y no tienen figuritas. Ellos estuvieron recorriendo los distribuidores y no tienen, pero sí tienen las cadenas de supermercados, que en algunos casos vendían las figuritas y regalaban el álbum. Otra vez los kiosqueros se quedaron sin figuritas”, enfatizó Adrián Palacios, vicepresidente de UKRA.
El tema de las figuritas no es menor para los kioscos. Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol se convierte en su principal fuente de ingresos y una forma de traccionar clientes a sus locales.
La “fiebre Panini” no es nueva. En 2022, la empresa alegó que la demanda superó todas las expectativas, llegando a vender un 40% más de álbumes que en el mundial previo. Sin embargo, para los comerciantes minoristas, el problema no fue solo la producción, sino una competencia desleal que priorizó a supermercados y estaciones de servicio por encima de los kioscos tradicionales.
Frente a los faltantes de figuritas, los kiosqueros que integran la UKRA salieron públicamente a reclamar la exclusividad en la venta y a exigir que Panini deje de distribuir en otros canales. El tema escaló al punto de que la UKRA pidió la intervención del Gobierno en el tema y el gerente de Marketing de Panini tuvo que explicar públicamente su estrategia comercial.
“No es una estrategia de marketing. A nosotros no nos gusta que se armen estos desfasajes. Queremos entregar lo más posible”, señaló en su momento Nicolás Sallustro, gerente de Marketing de la oficina local de Panini.


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