Por qué Emiratos Árabes Unidos es el único país del Golfo Pérsico al que Irán sigue atacando
DUBÁI.– Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el único país del Golfo que hoy recibe ataques directos de Irán. Misiles, drones y amenazas públicas se repiten mientras el resto de la región permanece, al menos por ahora, al margen.
El martes, el Ministerio de Defensa de los Emiratos Árabes Unidos dijo que sus defensas aéreas estaban haciendo frente de nuevo a ataques con misiles y drones procedentes de Irán, aunque el mando militar conjunto iraní negó haber llevado a cabo bombardeos.
La cancillería emiratí dijo en un comunicado que los ataques constituían una grave escalada y suponían una amenaza directa para la seguridad del país, añadiendo que el Estado árabe del Golfo se reservaba su “pleno y legítimo derecho” a responder.
El lunes, la agencia de noticias Tasnim, afiliada a la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, citó a una fuente militar de la República Islámica que afirmó que, en caso de cualquier acción imprudente por parte de los Emiratos Árabes Unidos, todos los intereses del país se convertirían en objetivos de Irán.
La fuente militar dijo que si Emiratos se convierte en un instrumento de Israel y cometen un error, aprenderán una lección que jamás olvidarán. Enfatizó: “Si los EAU dan un paso en falso, todos sus intereses se convertirán en objetivos iraníes y ninguna instalación emiratí estará a salvo”.
La fuente añadió que los Emiratosse encuentran en una situación muy delicada y que la inseguridad es un veneno absoluto para el país. Advirtió que si los Emiratos Árabes Unidos pretenden “repetir el error de la guerra de 40 días”, la República Islámica “abandonará por completo la moderación” y tratará al país “como parte del régimen sionista”.
La ofensiva se produce junto a una escalada mayor en la región, con Estados Unidos desplegando operaciones navales para garantizar la circulación de buques en ese paso clave del comercio energético mundial.
Pero lo que distingue a Emiratos no es solo haber sido atacado, sino la magnitud sostenida de esos ataques. Desde el inicio de la guerra, el país se convirtió en el principal receptor de la presión iraní, con cientos de misiles y miles de drones interceptados en su espacio aéreo.
¿Por qué Irán ataca Emiratos y no a otros países del Golfo? La respuesta es una superposición de varios factores. Irán no elige a Emiratos por casualidad, sino porque lo considera el punto donde convergen tres dimensiones clave del conflicto: la económica, la militar y la geopolítica.
El primer elemento que explica esta elección es económico. Emiratos no es un territorio cualquiera: es uno de los principales nodos logísticos del mundo. Puertos como Jebel Ali, aeropuertos internacionales y terminales petroleras como Fujairah conectan Asia, Europa y África en una red que sostiene el comercio global.
Para Irán, golpear ese sistema tiene un efecto multiplicador. No solo afecta a un país, sino que impacta en cadenas de suministro, mercados energéticos y flujos financieros internacionales. Emiratos funciona como una “palanca” económica: un objetivo cuyo daño trasciende sus fronteras.
El segundo factor es geográfico. Emiratos está a pocos kilómetros de Irán, separado apenas por el Golfo Pérsico. Esa cercanía facilita ataques directos y repetidos, con tiempos de respuesta más cortos y menor margen de disuasión.
Pero la geografía no solo implica proximidad, sino vulnerabilidad. Emiratos construyó su poder sobre una economía abierta, altamente conectada y dependiente de infraestructuras críticas. Esa misma fortaleza lo convierte en un blanco expuesto.
El tercer elemento (y el más determinante) es político. Emiratos mantiene una relación estrecha con Estados Unidos y, desde la firma de los Acuerdos de Abraham, también con Israel. Esa convergencia lo ubica en el mismo bloque que los principales adversarios de Irán.
En el terreno, esto se traduce en bases militares estadounidenses en su territorio y cooperación en defensa con Israel, incluyendo sistemas antimisiles desplegados para interceptar ataques.
Esa infraestructura convierte al país, desde la perspectiva iraní, en un actor involucrado en el conflicto, incluso si no participa directamente en las ofensivas.
La narrativa oficial iraní refuerza esta lectura. Funcionarios y dirigentes políticos han señalado que cualquier país que facilite operaciones contra Irán puede ser considerado un objetivo legítimo. En esa lógica, Emiratos deja de ser un vecino para transformarse en parte del campo adversario.
A esta ecuación se suma un cambio reciente que complejiza aún más su posición. Emiratos decidió abandonar la OPEP, en una ruptura con Arabia Saudita que marca un giro hacia una política más autónoma.
El movimiento no es menor. Durante décadas, el equilibrio del Golfo se apoyó en la coordinación entre Riad y Abu Dhabi. Esa alineación hoy muestra fisuras. Emiratos busca definir su propia estrategia energética y política en un contexto de guerra y disrupción de mercados.
El resultado es una mayor exposición. Al distanciarse de su principal socio regional, el país pierde parte de su respaldo político en el Golfo, justo cuando enfrenta ataques directos desde Irán.
Ese perfil lo vuelve más visible y, al mismo tiempo, más vulnerable. Para Teherán, Emiratos no es un país periférico, sino un nodo central en un entramado que incluye a Estados Unidos e Israel.
Las declaraciones recientes de dirigentes iraníes reflejan ese cambio de percepción. Emiratos es presentado no como un vecino neutral, sino como parte de un sistema hostil.
Agencias AP y Reuters


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